Luis Merlo: «Sí, todo tiene un precio»

· 14 de noviembre, 2017

¿Qué prefieres? ¿Cien mil euros ahora mismo o un millón dentro de diez años? Así de simple, así de difícil. Ese es el dilema al que se enfrenta un matrimonio con problemas económicos cuando un amigo les plantea la opción. Y ahí arranca El Test.

Su lema es que «vivir es un modo humano de crear, aunque crear es un modo divino de vivir». Con esta descripción filosófica se presenta Luis Merlo. Un actor que cede todo el protagonismo al público porque, insiste, es el fin último de todo su trabajo. El actor madrileño, junto a Antonio Molero, Maru Valdivielso e Itziar Atienza, actúa el próximo viernes en el Teatro Antonio Ferrandis de Paterna. El Test, dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer, es una divertida comedia de amor y avaricia que invita a reflexionar sobre los principios.

¿Todo tiene un precio?
Logicamente. En esta vida no hay dos situaciones iguales. Por ejemplo, poder vivir de nuestro trabajo tiene el precio de no poder descansar las horas adecuadas, pero también es un privilegio. Yo soy un privilegiado y por tanto vivo una vida privilegiada. Hay gente con muchísimo talento que ahora no tiene trabajo. Esta reflexión, acompañada de tanto humor, es un pedazo de ideas llenas de humor y sí, todo tiene un precio. En esta función hay un personaje que tiene dinero pero que no tiene lo que anhela tener y hay otro que no tiene dinero pero tiene lo que otro quisiera tener. En esta vida, todas las botellas están medio llenas.

El Test es una obra de muchas preguntas y respuestas.
Y esta parte es en la que todo el mundo se puede sentir identificado porque, ¿y si El Test fuera real y te preguntaran qué quieres hacer y tuvieras que decidir y eso cambiara tu destino de manera radical?. Creo que si todo dependiera del dinero, y por tanto de nuestra tranquilidad, seríamos más feroces de lo que pensamos. En un estado reflexivo y pasivo piensas: ‘si fuera en el Titanic, por supuesto que daría paso a las mujeres y a los niños’. ¿Pero si fueras realmente en el Titanic harías eso?’. Desde fuera es muy fácil decir y analizar lo que es o no ético, pero cuando está por medio la posibilidad de cambiar tu vida… Para el 90 por ciento de la gente, cambiar de vida solo es posible a través del dinero y eso es lo que le pasa al personaje de Antonio Molero, al que yo pongo en una situación complicada. De la obra subyacen muchas reflexiones, por una parte, está el que por arreglar su situación es capaz de todo; el que no quiere hacer nada que no se ajuste a su código ético… En ese movimiento de personalidades diferentes, la confrontación es inevitable y además sucede algo muy interesante que es que al final todos se encuentran en el ‘¿qué haría yo?’.

O sea que más allá de ser una comedia es una reflexión sobre el autocontrol.
Sí. La obra está basada en el test de la golosina. Ésta es la disyuntiva que planteó Walter Mischel, un psicólogo americano, a un grupo de niños para estudiar su capacidad de autocontrol. El experimento era sencillo: llevaban a un niño a una sala donde había una golosina y les daban la instrucción de que si resistían la tentación durante 15 minutos podrían comerse 2 golosinas. La conclusión es que el autocontrol es una virtud que ayuda a predecir el éxito de una persona mejor que su coeficiente intelectual.

¿Y cómo se vive siendo un inversionista millonario, su personaje en El Test?
Lo que siento es que cuando uno juega con el comodín de la baraja todo es más cómodo porque tiene el poder de decir ‘aquí está’. Poder generar, en la obra y en la vida, es lo que te da el poder.

Tu personaje defiende que las inversiones a largo plazo son las más rentables, pero ¿Luis piensa que más vale pájaro en mano que ciento volando?
Depende de cómo me levante y del día. Soy bastante impaciente y tengo que lidiar mucho con decir: ‘para’. Me gustaría tener la virtud de despegar porque así uno se equivoca menos y le falla menos a los demás.

El hecho de representar tantas veces una obra en la que las preguntas remiten al futuro, ¿te hace pensar mucho en él?
¿Sabes lo que sucede? que con 51 años miras al futuro de otra manera. Hasta hace poco pensaba en el futuro, pero ahora pienso que el futuro es el hoy y trato de aprovechar cada día. Pensar en el futuro y en el largo plazo me parece una temeridad.

Hacer reír es bonito, pero muy difícil.
La comedia es el género más difícil y por el que jamás te darán un premio. Quizás todos lloramos por las mismas cosas, pero reímos por cosas muy distintas. Sentir el humor tiene un ADN muy definido y marcado. En la comedia, el papel más importante es el del público. El fin último y principal de nuestro trabajo es satisfacer al que se sienta a escuchar una historia.

 Y tal como está la vida, hacer reir debe ser muy gratificante.
Mucho, muchísimo, tanto que es difícil de describir. En esta función, además, hay muchos cambios argumentales. En los últimos cinco minutos hay muchas bofetadas que el público recibe desde la confianza que te da la carcajada y la reacción opuesta es la sorpresa porque ya está la guardia muy baja. Como actor nunca había asistido a las reacciones de ‘¡ohh!’ y estas reacciones, a los que estamos arriba, nos genera un gran subidón porque entiendes que el público está entendiendo perfectamente la obra.

¿El Test provoca carcajadas terapéuticas?
Sí, las provoca.

La identificación también es importante ya que todos, en algún momento, nos hemos visto en conflictos entre realidad y deseos.
Sí, a veces dejas de especular para tener que decidir. Dejo o no, hago o no, compro o no, juego o no… En este juego, el personaje de Maru Valdivielso es muy bueno porque ella siempre duda qué decisión tomar y eso permite que el argumento siga en pie.

¿Le es difícil compaginar tele y teatro?
Lo hago con buen humor y mucho agradecimiento.

 ¿Qué le aporta el teatro que no que da la televisión y a la inversa?
En este caso ha sido un reencuentro con gente a la que yo quería mucho y con otra a la que no conocía. Los directos son diferentes. En el teatro tiene que parecer que siempre es como si fuera la primera vez y en televisión tienes que hacerlo por primera vez siempre. Son cosas distintas pero muy seductoras las dos.

 ¿Crear tantos personajes, y tan diferentes entre sí, no desdibuja su propia vida?
No, porque yo siempre me quedo atrás mirando. Nunca me he olvidado de mí mismo ni he dejado de pensar como Luis Merlo. Con los años he conseguido asentarme mucho a la tierra.

Día 17 de noviembre. 20:30 horas. Teatro Antonio Ferrandis (Paterna).

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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