NIÑO DE ELCHE: «El flamenco tradicional que defienden los ortodoxos data de los años 60»

· 25 de abril, 2018

Fotografía: Niño de Elche © Ricardo Cases


Texto: Eduardo Guillot

El pasado noviembre actuaba en el Teatre El Musical con Toundra, cerrando la gira de presentación de “Para quienes aún viven”, el primer trabajo de Exquirla, y apenas unos meses después, Niño de Elche regresa a València para presentar su “Antología del cante flamenco heterodoxo”, un doble CD (y triple vinilo) donde pasa por su filtro particular saetas, fandangos, seguiriyas o tanguillos con objeto de ofrecer su singular interpretación de los palos flamencos. Spoken Word, electrónica, música contemporánea, rock y canción de autor conviven en un repertorio que va de Tim Buckley a Val del Omar, pasando por Lola Flores, Shostakóvich o Mikel Laboa. Con Raül Fernández (Refree) en funciones de productor, Paco Contreras da un nuevo paso en una carrera que es un proceso de búsqueda constante.

 

La información oficial sobre “Antología del cante flamenco heterodoxo” dice que reinventa los distintos palos flamencos. Aunque los medios usamos a menudo la palabra, no parece que sea tan fácil reinventar las cosas.

Que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Mi intención nunca es reinventar, rehacer, reversionar o recrear, pero todo va implícito en cuanto traicionas las estructuras. Hasta dónde puedas llegar depende de la mirada externa, de cómo queda la pieza a nivel estético. Son palabras que se usan como recursos periodísticos, pero son conceptos totalitarios. Mi trabajo tiene esas connotaciones, pero es como cuando se habla de libertad, heterodoxia, democracia, vanguardia, ortodoxia… Son palabras que se adjudican a todo el mundo, y por eso no me gustan. Aunque hay una actitud que va hacia esa tendencia. Diría que no es reinventar porque, de alguna manera, eso implica cambiar la estética continuamente por el hecho de hacerlo, y yo no estoy ahí; si lo hago, es porque el discurso y el proceso lo requieren.

 

De las muchas personas que han trabajado en el disco, me llama la atención la del productor Raül Fernández Refree. ¿Cómo llegaste hasta él?

No lo elegí yo, me lo propuso una gente que iba a financiar el disco y finalmente no lo hizo. Le conocía, me lo pensé y creí que era la persona idónea para hacer el trabajo. Para decidirme no fue tan importante su currículum como un par de improvisaciones que hicimos juntos en bares de Barcelona. Ahí vi un Refree que no aparece normalmente en sus producciones, y ese fue el que me cautivó.

 

Una vez en el estudio, ¿cómo ha sido el trabajo con él?

La relación ha sido muy fluida, porque yo ya venía de trabajar con el director artístico Pedro G. Romero todo el concepto y herramientas. Llegué con el material muy claro, y luego él lo amplió con sus conocimientos de arreglos, sonidos, y ese proceso de trabajo nos vino muy bien.

 

Otra palabra que se te ha adjudicado a menudo es la de heterodoxo. Tú mismo la asumes en el título de este disco. ¿Crees que te define bien?

Si pensamos que es una actitud, sí. Como etiqueta, no. La heterodoxia es una forma concreta de hacer las cosas, una actitud incluso desdibujada, líquida, incoherente, esquizofrénica, pero siempre aperturista, mezclada, dispuesta a traicionarse y degenerarse. Por eso es tan flamenca.

 

¿Estamos ante tu disco más ambicioso?

Sí, es el que tiene un concepto más difícil de poner en pie, una producción más grande… Es el disco más experimental y a la vez el más ambicioso, lo cual se puede convertir en una tragedia (risas). Porque claro, cuando haces un disco muy costoso es para sacarle un rendimiento económico, y para eso tiene que ser comercial, pero hemos hecho todo lo contrario.

 

Y encima le habéis colocado a Sony un LP triple.

Eso es parte del gran delirio (risas).

 

El disco pone manifiesto la fricción entre tradición y experimentación, que parece difícil de resolver, al combinar los palos flamencos con una propuesta estética sin barreras. ¿Es la clave de este trabajo?

El disco demuestra que el flamenco tradicional no tiene ninguna base sólida de tiempo atrás. Las grabaciones lo constatan. Por eso siempre he dicho que el flamenco experimental no es el flamenco que trabaja con diferentes instrumentos, sino el que en su lógica experimenta, cambia palos, etc. Y eso pasaba cuando el flamenco estaba todavía sin definir, en sus primeras grabaciones, que mi generación no reivindica, por supuesto, porque es un flamenco indefinido, donde todo se mezcla, los cantaores revierten las melodías… De 1895 a 1910, aproximadamente. Esas grabaciones han sido parte del proceso en este disco, como reivindicación de que el flamenco, cuanto más atrás te vas en el tiempo, más experimental ha sido. Por eso no hemos incluido las vanguardias o las novedades a partir de los años 70. Nuestra intención inicial era ocuparnos también de Morente, Kiko Veneno, Camarón… Pero eso, comparado con lo que habíamos hecho ya, era algo mucho menos radical, por decirlo de alguna forma, porque viene de una época en que había más contexto. Y cuando hay más contexto, hay menos experimento, porque existe una conciencia de lo que se está haciendo. Por eso espero que los medios dejen de hablar de vanguardia, o de que el flamenco se abre a partir de los años 70, y otras barbaridades que se siguen escuchando y no entiendo, ya que se relaciona el franquismo con la falta de apertura y el régimen del 78 con el cambio, cuando el flamenco es mucho más que todo eso. El flamenco tradicional, que defienden los ortodoxos, es un flamenco definido en los años 60, muy moderno. Por eso yo siempre digo que no soy moderno.

 

De algún modo, lo que se ha acabado imponiendo como flamenco tradicional sería un flamenco normativo, ¿no?

Normalmente, la tradiciones son normativas y se imponen. No somos tan inocentes como para pensar que se trata de desarrollos simple y llanamente populares. Lo que me interesa es referenciar que el flamenco tradicional no es de antaño, sino de los años 60. Moderno, por tanto.

 

Sé que te preocupa poco, ¿pero has recibido ya respuesta del mundo flamenco a este disco?

Sí, insultos (risas). No ha habido ninguna crítica negativa al disco, porque no lo han escuchado, simplemente han llegado insultos, porque soy un personaje que les increpa cuando dicen cualquier barbaridad, no me callo, y eso les sienta muy mal, no están acostumbrados a que les hablen a la cara, sino a los sumisos.

 

Mezclas a Guy Debord con Lola Flores, a Mikel Laboa con Shostakóvich… ¿Es un modo de poner sobre la mesa la tensión que se crea en la frontera entre alta cultura y cultura popular?

Cada cual reconfigura las fronteras a su interés, pero la historia nos enseña que esas fronteras no son tan marcadas. El flamenco, históricamente, ha estado con el lumpen, pero también con la alta cultura en algunos aspectos. Hay referencias y conexiones a lo largo de todo el disco. La práctica rompe todo conservadurismo, que viene del mundo de las ideas.

 

Abogas por el pensamiento crítico más que por la organización política. ¿Cómo lo articulas sin pasar por las estructuras sociales? ¿Desde los márgenes?

Bueno, yo paso por las estructuras de la sociedad, no puedo escapar de ello. No sé si el pensamiento crítico busca revertir el sistema, pero ayuda a entendernos más allá de los sistemas, con nuestras contradicciones, incoherencias, violencia e ideología. Te permite estar en consonancia con todo eso y entenderlo mejor. Y cuando realmente lo entiendes, es cuando puedes tomar decisiones. Lo terrible es cuando se toman decisiones sin pensamiento crítico. Esa es la gran tragedia de la política, creo yo.

 

¿Qué puedes avanzar del espectáculo que veremos en València?

El concierto se nutre exclusivamente de material del nuevo álbum. Hago unos catorce temas, que referencian muy bien lo que hemos pretendido contar. En el disco no estaba tan preocupado por hacerlo, pero el directo está planteado como un viaje. Me acompañan Raúl Cantizano y Susana Hernández, hay partes jubilosas y otras más oscuras, hablo bastante, doy explicaciones, y el viaje sonoro es muy diferente a lo que he hecho hasta ahora. Reconozco que no hay demasiado margen para la improvisación, estoy bastante contento con el resultado del disco y creo que funciona en directo. Son piezas muy delicadas, y si no están bien hilvanadas, el concierto se puede caer, porque se crea un clima muy concreto y todo está pautado para que tenga fluidez.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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