RACHID TAHA: «Trato de establecer puentes con la música»

· 24 de marzo, 2018

Fotografía: Rachid Taha © Marc-Antoine Serra


Texto: Eduardo Guillot

Primera visita a València del cantante argelino de origen bereber, figura clave de la música norteafricana de los últimos cuarenta años, desde sus primeros pasos en el grupo Carte de Séjour o su reformulación del raï hasta su conversión en referente en el panorama de los ritmos globales

La hegemonía cultural anglosajona no se circunscribe únicamente a un área de la cultura, sino que afecta a todos sus ámbitos. Del mismo modo que el cine producido en Estados Unidos invade las pantallas globales y reduce a la mínima expresión la presencia de otras sensibilidades en los circuitos masivos de todo el mundo, la música pop en inglés ocupa un lugar preeminente que impide la difusión de multitud de propuestas periféricas. Es el caso de la música latina que no se rige por los cánones de la comercialidad o de expresiones sonoras procedentes de países alejados de los grandes focos de atención mediática, pese a que algunos artistas de la denominada world music poseen una discografía que les convierte en personajes clave a la hora de entender el devenir histórico de la música popular en las últimas décadas. Rachid Taha, argelino de origen bereber, es uno de ellos.

De hecho, su presencia en València debería considerarse un acontecimiento de primer orden. Pocas veces una figura de su relevancia se deja caer por una tierra demasiado acostumbrada a recibir siempre a los mismos artistas de perfil medio. Su visita, además, estaba en el débito de la ciudad desde 1995, cuando publicó un disco titulado “Olé Olé” (nada que ver con el infausto grupo español) donde incluyó, precisamente, una canción titulada Valencia. «Me gustaba la palabra, creo que es hermosa», reconoce el cantante. «Pero la escogí porque geográficamente está enfrente de la ciudad argelina de Orán». Un modo de proponer conexiones culturales que es una constante en su discografía. Aquel tema estaba coescrito, por ejemplo, con Steve Hillage, un guitarrista rock inglés asociado con la escena de Canterbury, que formó parte de bandas como Gong, Uriel y Khan. «Siempre trato de establecer puentes con la música, y trabajar con él era una forma de hacerlo. Ha colaborado conmigo a menudo y ha sido parte de mi banda de directo durante años».

La relevancia de Hillage en la carrera de Taha es notable. También se encargo, por ejemplo, de los arreglos y la producción de uno de los discos que marcó un antes y un después en su trayectoria, el histórico “1, 2, 3, Soleils” (1999), que recoge la actuación que Rachid Taha, Cheb Khaled y Faudel ofrecieron el 26 de septiembre de 1998 en París, ante catorce mil personas. Fue, en cierto sentido, la puesta de largo global del raï, estilo musical autóctono hasta entonces relegado a circuitos tradicionales. Khaled, la gran estrella del movimiento; Faudel, destinado a sucederle; y Taha, portador del género hacia nuevas sonoridades en comunión con otros estilos, se unieron para dar el gran salto. «No tenemos cantantes de ópera en Argelia, así que con este proyecto intentamos, a nuestra manera, crear a los tres tenores del norte de África», bromea Taha, que es plenamente consciente de la relevancia de un disco que estableció a sus responsables como grandes referentes de la música del continente en todo el mundo.

Para entonces, los tres habían trabajado ya por cuenta propia con objeto de desarrollar su propia visión musical. El modo de entender el raï para Rachid Taha está intrínsecamente relacionado con una educación musical diversa, con un pie en la tradición y otro en la modernidad. La mezcla es la base de su sonido, que puede impregnarse de electrónica o rock de manera fluida y natural. En 1997 ya había reunido sus canciones más relevantes en el recopilatorio “Carte Blanche”, y posteriormente ofrecería su particular mirada sobre algunos grandes clásicos de la canción árabe en “Diwan”, un disco fabuloso con el que convirtió en éxito internacional su versión de “Ya Rayah”, un tema original del cantautor argelino Amrani Abderrahmane, más conocido como Dahmane El Harrachi, que aborda la cuestión de la emigración desde una perspectiva que aboga por conservar las raíces. «No es una canción únicamente importante en lo que respecta a mi carrera, sino a toda la música de Oriente», puntualiza el artista.

Aunque si de versiones célebres se trata, es inevitable mencionar la más famosa de su repertorio, precisamente porque su origen está en el rock hegemónico anglosajón. “Rock el Casbah”, incluida en el exitoso “Tékitoi” (2004), dio una vuelta de tuerca a un tema de The Clash que parecía expresamente escrito para Taha. «Así fue como la conocí. Un amigo me dijo un día que había escuchado una canción que encajaba a la perfección con mi sonido y que debería grabarla. Y eso fue todo», recuerda. Además del ya habitual Steve Hillage, en la grabación participaron también el músico y productor Brian Eno y el guitarrista Mick Jones, uno de los autores de la canción, pero Taha no da más importancia al tema que a otros de su repertorio. «The Clash son parte de mi cultura y educación musical, por supuesto, pero no solo ellos. También los Talking Heads, Joy Division, Suicide, Creedence Clearwater Revival, Elvis Presley, Marvin Gaye, James Brown y un largo etcétera», subraya.

Su música se nutre de múltiples influencias, y a lo largo de los años ha ido evolucionando desde unos inicios en que Rachid Taha se integró en un formato de banda de rock convencional. A mediados de los ochenta, sus primeros pasos se localizan en Carte de Sejour, una formación cuyo nombre (Permiso de Residencia) ya era toda una declaración de principios. «Muchos de mis recuerdos de aquella época continúan de actualidad. Las largas colas de los inmigrantes ante la Administración para conseguir papeles, la presencia constante del Frente Nacional… Por desgracia, los movimientos populistas siguen muy presentes en las noticias», se lamenta. Aquel grupo, que Taha compartía con Mohamed Amini (guitarra), Djamel Dif (batería), Moktar Amini (bajo) y Jérôme Savy (guitarra), asimilaba las tendencias del rock del momento y las combinaba con música gnawa, obteniendo unos resultados muy particulares, que les permitieron rebasar las fronteras francesas en una época en que Mano Negra todavía no había puesto de moda la fusión de estilos que posteriormente se haría famosa en todo el planeta. Un grupo pionero que, sin embargo, se le quedaba pequeño a Taha, interesado en seguir investigando en terrenos como el raï.

El último disco que ha publicado hasta el momento es “Zoom”, aparecido en 2013. Contenía un “Now or Never” (Elvis Presley) a dúo con Jeanne Added y otro de sus hits inapelables, “Voilà Voilà”, salpicado de colaboraciones especiales de viejos conocidos (Mick Jones, Brian Eno) y cómplices nuevos (Femi Kuti, el futbolista Eric Cantona), otro salvoconducto al éxito en forma de canción, que seguramente interpretará en Valencia, ya que no tiene previsto estrenar material nuevo. «Estamos en plena preproducción del nuevo disco, por lo que no tocaremos las canciones que lo integran hasta que termine el proceso de grabación, pero te puedo avanzar que tenemos previsto hacer algunas cosas especiales en el concierto de València», asegura. Y no parece que lo diga con intención de quedar bien, ya que esta vez solo hará dos escalas en España, hoy en el festival Blues & Ritmes de Badalona y mañana en nuestra ciudad, para ofrecer una actuación en la que repasará algunos de los mejores momentos de su carrera acompañado por Hakim Hamadouche (laúd eléctrico), Yan Pechin (guitarra), Idriss Badarou (bajo) y Franck Mantegari (batería).

Sábado, 24. La Rambleta. 22.30 h.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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