Sergio Dalma: «¿A quién no le gusta que le piropeen?»

· 27 de enero, 2018

Fotografía: Cuco Cuervo


Sergio Dalma no entiende que, ahora, todo se mire con lupa. Está acostumbrado, porque es uno de los cantantes españoles más atractivos, a que las mujeres le piropeen. En cada uno de sus conciertos,  trata de enamorar a su público. Parte con ventaja.

  • Con la sonrisa como aliada y con la misma ilusión de aquel chico de 16 años que se curtió como vocalista de pueblo en pueblo y de orquesta en orquesta, Sergio Dalma presentar «Vía Dalma III», su último trabajo.  Su público le idolatra. Mutuamente, así lo reconoce, se aman. Quizás por ello, Sergio Dalma (1964) quiere seguir cantándole al amor. Ya no le importan nada las etiquetas y sí el exigirse el máximo a sí mismo para poder ofrecérselo a su gente.

No me puedo resistir. A uno de los cantantes que mejor le canta al amor, ¿con qué música se le enamora?
Uf, pues la verdad es que depende del momento del día y de mi estado de ánimo; también depende de si estoy más o menos solo, si es un día gris, de si he dormido mejor o peor. Uf, no sé. Yo creo que para enamorarse no hay que incluir solo la música, sino que se debería pensar más en la persona.

¿Y qué le intimida hasta el punto de sacarle los colores?
[suspira] Yo siempre he sido muy reacio a hablar de mi privacidad porque como personaje público uno está expuesto a recibir críticas por su trabajo, pero en cuanto a mi privacidad… No soy nada partidario de tener una exposición.


Usted es uno de los hombres más piropeados por las mujeres. En plena polémica y tras calificar la Junta de Andalucía el piropo de violencia machista. ¿Qué piensa de ello?
Sinceramente, creo que el piropo es algo muy español y muy de aquí. Además no debería ser solo hacia la mujer porque el piropo no debería entender de sexos. A mí me encanta que me piropeen [silencio]. ¿A quién no le gusta que le piropeen? Vamos que no se debería…, creo que tenemos demasiados prejuicios en estas cosas. Evidentemente, todo depende del respeto con el que se dicen las cosas, porque hay muchas formas de decirlo, pero si es con educación…

 ¿Qué le da a las fans para tenerlas tan entregadas?
Si te digo la verdad, es algo que me sigue asombrando a estas alturas de mi carrera. Es algo que me sigue emocionando e ilusionando, porque lucho y trabajo al máximo, para seguir conectado a ese público. Me exijo el máximo a mí mismo para luego poderselo ofrecer a la gente. Que se llenen los conciertos me crea una mayor responsabilidad porque sé que esa gente ha pagado una entrada para verme y que yo tengo que estar al cien por cien [se emociona]. Creo que esto es lo que realmente me llena y me hace crecer para seguir adelante.

Es un amor mutuo. Se podría cantar lo de «Este amor no se toca».
Creo que sí, porque yo existo gracias al público que me sigue. El día que no haya público… Sergio Dalma se jubila, con lo cual ¿cómo no voy a estar agradecido? Claro.

En una época en la que todo es tan efímero, ¿cómo se consigue no pasarse de moda y con un mismo estilo ir incorporando nuevas generaciones al público?
En lo efímero estamos totalmente de acuerdo. Uno lucha para aguantar y siempre estar ahí, al lado de gente muy grande que está saliendo nueva y que tiene muchísimo talento. Creo que es bueno tener fuerza, ganas e inquietud por querer estar ahí. Las redes sociales comportan un fenómeno de inmediatez, de tener las cosas al momento y eso lo hace todo muy efímero. Uno siempre lucha para dejar, de alguna manera, un poso con el paso del tiempo y los músicos somos unos afortunados ya que tenemos la gran suerte de que nuestro legado se queda ahí porque el trabajo está grabado, así como el hecho de pisar los escenarios. Pero bueno, esto es un goteo constante. Para mí, es muy importante que se hayan sumado jóvenes a mi público porque es algo espontáneo, algo que no hemos trabajado y que se ha dado de forma natural. Por eso es tan auténtico.

 Sus canciones forman parte de las «playlist» de muchos de ellos.
[larga risa] Esto está muy bien que pase, porque significa que me he convertido ya en un clásico que es por lo que he luchado toda mi vida.

El giro de sonido ha sido todo un éxito pero ¿no le dio miedo pensar que ese atrevimiento le podía llevar a perder a una parte de su público?
Miedo no, lo he hecho por mera inquietud musical. Yo nunca he pretendido captar la atención de un público nuevo y dar la espalda al que realmente me sigue porque esto es antinatura y las cosas antinatura no funcionan. De todas formas, no creo que la propuesta sea tan loca como para que la gente la deje de lado.

He leído que no le gusta que le encasillen. ¿Ante qué se rebela?
Es algo cíclico y normal que la gente tienda a etiquetar. Lo importante es que uno se sienta realmente libre y tenga inquietudes para seguir creciendo. Eso nunca me ha frenado mi instinto y mis ganas de crecer y aprender.


Todos tenemos dias malos. Cuando sabe que no está en su mejor versión ¿qué hace?
Bueno, en ese aspecto, sí que somos un poco diferentes. Éste es un trabajo en el que por muy mal que estés emocionalmente, tienes que salir al escenario y rendir al máximo. Este trabajo te da la oportunidad de transformarte, aunque solo sea por unos momentos, porque luego regresas a la realidad. Quizás, ésta sea la magia que engancha tanto de este trabajo.

 ¿Y ni en ese tipo de días le desaparece la sonrisa?
Es que forma parte de mí y de estas arrugas que tengo [ríe]. Siempre me tomo la vida de una forma positiva. Aunque por dentro esté mal, la gente no se merece una mala cara.

 ¿Me diría un miedo que no sepa superar?
Sí, la muerte. Es algo que me impacta, impresiona, aturde y descoloca pero es algo que está ahí y…

 Cuando mira atrás, tras una carrera tan larga y sólida, ¿qué momento le sirve para tomar impulso y coger fuerza para seguir adelante?
Sonrío cuando miro atrás porque pienso en aquel chaval que tenía tantísimas inquietudes, aquel sueño y aquella vocación y que, gracias a Dios, se ha hecho realidad y que, todo eso, es hoy su profesión. Además, lo que más me gusta de todo, es que esa ilusión y ese espíritu de pensar que lo bueno todavía está por llegar sigue intacto.

Porque detrás de esa imagen de padre e hijo perfecto, ¿quién se esconde?
Ya me gustaría ser así [ríe]. Soy un tío rebelde, que lucha consigo mismo para ser mejor como artista, pero sobre todo, como persona.

¿A quien iría a ver de incógnito a un concierto?
¿De incógnito por qué? Yo voy a muchos conciertos sin tener que camuflarme. Cuando salgo del escenario soy el hombre que va al mercado y hace la compra, que monta el metro… Soy un hombre normal.

 

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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