LULA: «Hace falta un revulsivo, y somos nosotros»

· 25 de noviembre, 2017

Fotografía: Lula © Tomás Ramos


Texto: Eduardo Guillot

El trío castellonense publica “Vida salvaje”, un quinto álbum que es el mejor de su trayectoria y llega tras un periodo de inactividad más prolongado que de costumbre. Con él se aventuran por primera vez en el terreno de la autoedición, creando su propio sello discográfico para gestionar todo lo relacionado con la banda. Patrizia Escoin, Félix Ribes y Adela Arrufat navegan al margen de la corriente general, pero con rumbo firme.

“Viaje a Marte”, el disco anterior, es de 2013. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo hasta “Vida salvaje”?
Nunca hablamos de hacer un paréntesis, pero el ritmo de ensayos se fue ralentizado por diversas circunstancias: Félix fue padre, Adela empezó a dedicar tiempo a la pintura, Pat aprovechó para centrarse en Los Amantes, su banda paralela… Cuadrar agendas costaba un poco más. Las cosas fueron surgiendo así y nos relajamos. Hasta que encontramos huecos y reiniciamos.

Es el primer disco que sacáis con Lula Records, vuestro sello, después de trabajar desde el principio con Lucinda.
Había pasado mucho tiempo desde el disco anterior, la relación se había enfriado un poco y queríamos ir a nuestro aire, tomar nuestras propias decisiones desde Castellón. Es más práctico. Nosotros hablamos casi a diario y solucionamos las cosas en el momento, sin que haya ningún intermediario. La relación con Lucinda Records era muy cercana, pero tener que pasar por filtros lo hacía todo más difícil. Ya no estamos para que nadie decida por nosotros. Ha sido un poco doloroso, porque queremos mucho a Vicente Úbeda, el responsable del sello, y es muy amigo nuestro, pero ambas partes vamos a estar mejor así.

Quien sigue una vez más a los controles es Coky Ordóñez. ¿Se le podría considerar el cuarto miembro oficioso del grupo?
Nunca lo habíamos pensado, pero siempre ha estado ahí, desde el primer concierto. Tenemos una gran amistad, es como de la familia. Hace muy bien su trabajo, su estudio es increíble y lo tenemos al alcance de la mano. Siempre nos ha dado facilidades y ha apoyado al grupo, se ha involucrado mucho en la producción de este disco, y eso ha sido importante, porque estábamos un poco oxidados. Tampoco es que sea muy hablador (risas), pero nos da mucha tranquilidad.

Como en los discos anteriores, el sonido es muy fiel al directo, sin instrumentos adicionales. ¿Nunca os lo habéis planteado?
Sí, pero nunca tenemos tiempo. El disco se hizo en cinco días. Por mucho que Coky sea amigo nuestro, el presupuesto siempre es muy ajustado, y no podemos perder un día de grabación introduciendo cuerdas o teclados, aunque lo habríamos hecho muchas veces. En ocasiones hemos grabado guitarras imitando arreglos de cuerda, pero no nos da tiempo a más, y tampoco nos parece tan importante. Siempre hemos querido sonar en disco muy cercanos al directo.

Son ya más de diez años en activo. ¿Qué balance hacéis de la travesía?
Es muy difícil mantenerse como grupo sin tener grandes éxitos ni cambiar de nombre, como hace la mayoría de gente en cuanto las cosas no funcionan. Estamos muy orgullosos, nos parece valiente seguir y mantener la ilusión y las ganas. Continuamos luchando. No todo el mundo puede decir lo mismo, y eso nos hace felices. En este tiempo hemos aprendido, ahora estructuramos las canciones de otra manera, somos más realistas, aunque sin perder la intuición, y eso es fruto de la experiencia.

Habéis definido este disco como maduro. ¿Eso quiere decir que es también más adulto?
Barajamos ambos términos. Maduro quizá suena a mayor, tiene esa connotación, aunque en realidad sí que hemos madurado, como personas y como grupo, estamos mucho más asentados. En este disco hemos tenido claro lo que funciona en la banda y lo que nos apetecía hacer. Tiene un tempo más lento que los otros, por ejemplo.

Y suena más rock. “Disco pub” juega con un riff entre glam y garaje. Y “Diva” tiene un aire a Smashing Pumpkins.
Es una referencia totalmente voluntaria, que tuvimos en cuenta durante la producción. La idea era conseguir un sonido muy relacionado con los noventa.

Al mismo tiempo, la melodía mantiene su importancia. ¿El objetivo es encontrar ese equilibrio?
Hemos abandonado nuestra vertiente más punk rock, que habíamos desarrollado en otras ocasiones, pero que muchas veces no permitía que todo el grupo se sintiera igual de cómodo. Elegimos las canciones entre los tres, y en este disco ha habido mucho consenso en la selección del repertorio. De hecho, fuimos trabajando el material sin presión, hasta que después de dos años nos dimos cuenta de que teníamos muchos temas y nos planteamos sacar un disco.

Pat, ¿cuando compones sabes desde el principio si la canción va destinada a Lula o a Los Amantes?
Sí, porque las cosas suenan de manera diferente dependiendo de quien las toque. Cuando cambias gente en los grupos, también cambia el sonido. Yo planto una semilla que luego se desarrolla. Compongo de manera diferente en cada caso, porque en Lula vemos a menudo las canciones de distinto modo y discutimos mucho, desde la confianza. Hay canciones que hemos eliminado porque no llegábamos a un acuerdo y no acababan de funcionar entre los tres.

¿Dónde os ubicáis en la actual escena española?
No lo sabemos. Estamos luchando para organizar una gira por salas, pero es cada vez más complicado, porque ya casi no funcionan a taquilla. Solo tienen sitio para los grupos de festivales, no consigues fechas ni pagando. Me lo podría callar, pero es lo que hay. Es muy complicado si no estás en esa rueda.

¿Sois críticos con los festivales?
Todos los grupos que tocan en festivales están muy mediatizados a la hora de componer, hacen una canción del verano continua. Y esto también es un arte. Es verdad que tenemos que comer, pero para hacer las cosas así, mejor montarse una cafetería. En la mayoría de festivales tocan los mismos grupos, los programadores no arriesgan, contratan todos los años lo mismo y se imitan unos a otros. Es como la época del mainstream en los años ochenta con Los 40 Principales, pero ahora pasa con los festivales, que son el equivalente de la gente que inflaba los cachés para los ayuntamientos. Hace falta un revulsivo, que somos nosotros.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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