VETUSTA MORLA: «Teníamos que buscar una nueva identidad»

· 20 de noviembre, 2017

Fotografía: Vetusta Morla © Jerónimo Álvarez


Texto: Eduardo Guillot

Convertida en una de las bandas pop más importantes de la escena española, Vetusta Morla tratan de reinventarse sin perder su esencia con “Mismo sitio, distinto lugar”, un cuarto álbum que ha sido grabado en los míticos estudios Hansa de Berlín (David Bowie, Iggy Pop, Nick Cave, U2) y mezclado por el estadounidense Dave Fridmann, destacado por su trabajo con bandas como Flaming Lips y Mercury Rev. Conocida la escasa predisposición a las entrevistas de Pucho, vocalista del grupo, hablamos con Juanma Latorre (guitarra), Álvaro Baglietto (bajo) y David García (batería).

¿Es cierto que con este disco buscabais una refundación de la banda?
No sabíamos a dónde nos iba a llevar, pero sí que teníamos que buscar una nueva identidad en la que nos sintiésemos otra vez libres para crear, aprender algo nuevo e ilusionarnos. Desde que nos juntamos en el local de ensayo existió esta sensación de buscar diferentes lugares para cada uno de nosotros. La primera canción que salió fue “Consejo de sabios”, ya con esa idea. Esto es una carrera larga y necesitamos ser honestos con nosotros mismos, saber dónde estamos y qué necesitamos.

Sois un modelo de independencia en España, pero en este disco habéis firmado un acuerdo con Sony. ¿Al final, las multinacionales siguen siendo necesarias para algunas cosas?
Hay ciertas labores que, de no realizarlas los sellos, grandes o pequeños, quedarían huérfanas. En nuestro caso, Sony nos ayuda a llegar a sitios donde no podíamos hacerlo por nuestros propios medios, especialmente en América Latina, donde tenemos acuerdos puntuales con diferentes socios y es imposible estar al día por la distancia, la falta de recursos y la necesidad de entender la idiosincrasia de cada uno de ellos. Sony, al tener sede en distintos países, facilita el contacto directo.

¿Es objetivo prioritario el mercado latinoamericano?

No pensamos mucho en conceptos de mercado. Lo que nos apetece es viajar, conocer culturas y gente diferentes. Con el primer disco ya fuimos a América, sabiendo que había experiencias personales que nos iban a nutrir mucho. Hemos vuelto en cada gira varias veces y vamos a seguir haciéndolo. Queremos crecer allí, pero no por una cuestión puramente mercantil, sino personal.

Allí no solo tocáis en festivales, lo que imagino que propicia un contacto diferente con el publico, ¿no?
Es muy refrescante, te ayuda a mantener los pies en la tierra y disfrutas de otra manera, porque en el cambio a salas grandes ganas muchas cosas, pero pierdes otras, y es bueno reconectar temporalmente con ese contacto más directo, implica también otra forma de tocar. Con “Mapas” hicimos una parte de la gira en teatros y pequeños aforos, y con “La deriva” hemos tocado por Europa en salas muy pequeñas, donde le salpicaba el sudor a las primeras filas. Nunca hemos desconectado en ese nivel. Y es cierto que América tocamos en salas más reducidas, pero también ha sido allí donde hemos dado nuestro concierto más multitudinario, en el festival Rock al Parque de Bogotá, ante cien mil personas. Es bonito ir combinando todas las opciones.

¿Por qué se elige un estudio como Hansa? ¿Romanticismo? ¿Mitomanía? ¿La búsqueda de un sonido concreto?
No perseguíamos un sonido determinado, sino crear unas condiciones favorables a la idea que teníamos del disco, que consistía en estar muy concentrados en el proceso, y por tanto, salir de Madrid. También queríamos un estudio que nos ofreciera todas las posibilidades de grabación, porque hemos usado muchas técnicas diferentes: Tocar juntos, por separado, grabando y luego cortando y procesando el sonido… Y debía tener opciones digitales y analógicas, una sala grande donde poder tocar todos y material con el que no contamos habitualmente, en este caso teclados. Dejamos un margen amplio a que sucedieran cosas durante la grabación y necesitábamos que el ambiente fuera estimulante, por eso escogimos Hansa, que ha tenido beneficios adicionales para quienes quieran creer en los rastros espirituales, porque allí se han producido álbumes alucinantes, curiosamente también discos de refundación, como “Achtung Baby” (U2) o “Low” y “Heroes” (David Bowie). Y la propia ciudad ha tenido que refundarse en muchas ocasiones, dependiendo del momento histórico.

¿Surge de ahí el título del disco?
Viene de antes, pero estando en Berlín nos dimos cuenta de que la ciudad era un escenario apropiado para estar grabando un disco así. Por la calle donde está Hansa pasaba el muro, todas las mañanas al salir veíamos su rastro y una línea de ladrillos que lo recuerda, el museo del Holocausto…

¿Entonces ha influido el entorno en el disco? ¿No hubiera sonado igual si se hubiera grabado en Nueva York?
Todas las decisiones que tomas afectan al resultado final, y el entorno y las condiciones en las que se hacen también. Lo que pasa es que nunca podremos compararlo. Lo que sí podemos comparar es la experiencia, cómo lo vivimos, y al final eso es lo que lo cambia, ni las máquinas ni los sintetizadores ni Berlín, aunque las máquinas sí cambian nuestra experiencia y por tanto cómo lo interpretamos y lo dejamos registrado. Nos afecta a nosotros y eso hace que el disco sea diferente.

¿Y a qué obedece la elección como productor de Carles ‘Campi’ Campón, que ha trabajado con Jorge Drexler o Natalia Lafourcade?
Habíamos grabado con él una versión de “Lo bueno y lo malo”, de Ray Heredia, para un disco homenaje y nos sentimos muy cómodos. Le llamamos con la incógnita de saber cómo funcionaría, pero desde el principio hubo fluidez. Este disco ha sido una incertidumbre hasta el final, pero ahora estamos de celebración, porque ha salido bien y ‘Campi’ nos ha ayudado mucho a que cada fase fuera un periodo creativo. Gracias a eso hemos podido llevar las canciones más lejos.

Para las mezclas habéis contado con Dave Fridmann, otro productor estrella, diferente a ‘Campi’. ¿Cómo fue el trabajo con él?
Hace tiempo que llegamos a la convicción de que si separábamos la mezcla de la producción se producía un proceso creativo adicional que era muy positivo y añadía una capa nueva a lo que estábamos haciendo. Nunca lo habíamos podido poner en marcha hasta ahora, y el resultado ha sido muy bueno. Para eso hay que establecer una comunicación sincronizada, pero que Dave Fridmann haya podido aportar su arte ha sido fantástico. Por eso es bueno que las funciones estén separadas, para evitar los apegos que derivan en limitaciones para las canciones: El compositor está apegado a la línea melódica, el músico al arreglo que ha hecho, el productor al concepto de la canción… Romper eso hace que el resultado global crezca.

También entiendo que puede generar tensiones. ¿Cómo se han delimitado las funciones entre productor y mezclador?
El trabajo de producción con ‘Campi’ empezó cuando teníamos los temas maquetados, compuestos y arreglados. Él se incorporó al proceso para ayudarnos a rematar los temas, cambiando algunas cosas, enriqueciendo otras, mientras que a Fridmann, como mezclador, le íbamos mandando las demos, estaba al tanto del proceso e incluso hacía alguna sugerencia, que hemos llevado a cabo o no. Después hicimos la grabación con ‘Campi’, trabajando una serie de conceptos determinados y cuando en la mezcla Dave nos pidió referencias concretas le dijimos que no, que aportara lo que veía que podía hacer. Esa fue la tónica de trabajo. Con todo el material, quitó, añadió y convirtió la fase de mezclas en una fase creativa, porque incluso generó arreglos nuevos.

¿Les ha gustado el resultado final?
Hemos estado todos coordinados a lo largo del proceso, incluso después de las mezclas, porque lo ha masterizado Greg Calbi, precisamente por sugerencia de Dave Fridmann. No ha habido grandes sorpresas, pero ‘Campi’ alucinó, igual que nosotros, cuando escuchamos las mezclas.

El disco es corto para el estándar actual. ¿Era la idea?
Fue la intención desde el principio. Pensábamos que era más atractivo hacer algo corto, que no sobrara ni un segundo, incluso que te quedaras con ganas de más. En Hansa estuvimos a punto de incluir otras dos canciones, porque teníamos más de veinte, pero lo dejamos en diez, que era la idea inicial.

¿Por qué escogisteis “Te lo digo a ti” como primer single? El resto del disco no va en esa dirección y podría despistar.
Nos apetecía mostrar la parte más extrema del cambio que hemos hecho. Entendíamos que si empezábamos por una canción más tibia o reconocible, se podía pensar que el cambio tampoco había sido tan grande. Y en realidad no lo es. El envoltorio tampoco te lleva a un lugar tan diferente de donde estábamos, pero sí es más acorde con el lugar donde estamos hoy. La verdad es que nos apetecía provocar, jugar al desconcierto, que quien lo escuchara sintiera lo mismo que sentimos nosotros en el momento inicial, cuando iniciamos una refundación que no sabíamos a dónde nos llevaría. Hubo que pasar por el proceso para saber dónde llegábamos. Ha funcionado bien. Luego ya ha salido “Deséame suerte”, que recoge la parte más conectada con lo que solíamos hacer.

También se percibe un cambio en el modo de enfocar las letras.
Nuestra forma de escribir ha ido evolucionando y cambiando intencionadamente para ir de la mano del cambio en el grupo a nivel general. En este disco letra y música están más unidas que nunca, son letras en 3D, que funcionan sin música, pero que con ella se expanden. Siempre han sido muy metafóricas, pero en todos los discos hay otras muy llanas también, como “Cenas ajenas” o incluso “Fuego”. En “La deriva”, con “Tour de Francia” ya estábamos usando la sátira, como en “Palmeras en La Mancha”. A nivel lírico se están produciendo los mismos cambios que a nivel musical, es algo que va unido.

Formáis parte de una escena identificada con los festivales. ¿Os sentís cómodos ahí?
Hay que celebrar el mundo de los festivales, porque para mucha gente que tiene una banda es una oportunidad de presentarse ante un público numeroso, que a su vez accede a la posibilidad de conocer a grupos nuevos. Eso sucede y enriquece el panorama musical nacional. Por otro lado, en la parte negativa, no es tanto un evento cultural como de ocio. Pero la costumbre española de asistir a conciertos siempre ha estado en ese terreno, a diferencia de Alemania, por ejemplo, donde se lo toman como un acto cultural y la audiencia no habla, está atenta y muestra respeto. Nosotros tenemos nuestra propia manera de entender esto, hay que saber manejarlo, tratar de aprovechar lo bueno y aprender de lo malo e intentar cambiarlo.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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