Ismael Serrano: «Somos rehenes de lo inmediato y lo fugaz»

· 13 de noviembre, 2017

Fotografía: David Ruano


A Ismael Serrano le siguen moviendo los mismos sueños e ilusiones con los que empezó en la música hace veinte años. Y con esa ambición saca al mercado Hoy es siempre, un doble CD grabado en direct.

  • Su guitarra está presente en la entrevista, pero no la lleva al hombro. Ismael Serrano, con sus manos en constante movimiento, no la pierde de ojo. Escucha las preguntas, medita las respuestas y con calma comparte su filosofía de vida. Le gusta conversar. Celebra sus dos décadas de carrera con un disco en directo: 20 años. Hoy es siempre.

¿Por qué ha utilizado la frase de Antonio Machado Hoy es siempre para titular este trabajo?
Dudé entre dos mensajes algo contradictorios: Hoy es siempre y Todo cambia, una versión de una canción latinoamericana que canta Mercedes Sosa. Con Hoy es siempre trataba de resumir que me siguen moviendo los mismos sueños e ilusiones que tenía hace veinte años y que la música sigue teniendo el valor terapéutico de combatir el miedo a la soledad y a la fugacidad de las cosas. Pero dudaba. Me gustaba Todo cambia por el hecho de que grabar un disco en directo responde a plasmar todo lo que uno aprende, ya que ahí es donde se ve más a las claras y de manera más honesta todo el aprendizaje.

Pasan los años y las letras de sus canciones siguen vigentes.
Por desgracia. Hay canciones del primer disco que hablaban de la coyuntura concreta que entonces nos tocaba vivir y aún siguen vigentes. Algo que me enorgullece de este disco es que hay canciones de mis primeros trabajos que puedo defender con orgullo.

Sobrevive en un mundo en el que se ha duplicado la oferta musical y los canales de trasmisión. Parece que lo único que vale es el éxito inmediato y no importa incluso crear al cantante. ¿No se está convirtiendo la música en un producto de usar y tirar?
Sí, y se compite de forma desigual con la música de consumo inmediato. Yo propongo un espacio de reflexión y de calma. No creo que escuchar canciones de autor conlleve un esfuerzo intelectual mayor, pero sí requiere una calma y un ejercicio de profundización que convengamos que el flujo de información no permite. Muchas veces se habla de internet como la panacea para resolver todos los problemas de la música y del músico en su relación con el oyente y no es así. El caudal es tan inmenso y rápido que se convierte en ruido y poder discriminar entre esas ofertas algo realmente interesante no es fácil. Es difícil convivir en este contexto. Las redes sociales me encantan por su inmediatez y porque son muy útiles pero también somos un tanto acríticos con cómo funciona el modelo. Somos rehenes de lo inmediato y de lo fugaz y creo que se debería encontrar un espacio de calma para ver y encontrar propuestas como la que creo que yo hago.

 El espacio del que habla existe porque los cantautores no pasan de moda. Sea sincero, ¿la música de antes era mejor que la actual?
Bueno, creo que eso siempre ha sucedido. Hay música que siempre te va a acompañar y que es eterna. Hay música que se adecua al momento que nos toca vivir y es verdad que vivimos ciclos históricos que nos empujan a escuchar cosas ya oidas. Pero también tiene que ver con el punto nostálgico que todos tenemos porque la música es el territorio de la nostalgia y a veces las canciones nos transportan a aquello que fuimos.

Papa cuéntame otra vez se convirtió en casi un himno para una generación. ¿Por qué ya no se hacen este tipo de canciones?
Creo que hoy por hoy los músicos no estamos a la altura de las circunstancias. En los noventa, había una generación que trataba de buscar un relato propio y de eso se hicieron eco los cantautores. En Papa cuéntame otra vez yo le hago un reproche a la generación de mis padres porque utilizaban ese relato para disculpar omisiones y renuncias. Mi generación buscaba construir un relato propio y no fue capaz. Hoy mucha gente joven sí que se siente interpelada por la realidad, sí siente que debe asumir el protagonismo que le corresponde y sí que está construyendo un relato propio, pero creo que la música no está a la altura porque estamos más pendientes de nuestro ombligo, carreras y vivencias que de la realidad y el relato compartido. Quizás, echo en falta esa banda sonora que exige un momento efervescente como el que estamos viviendo para bien o para mal.

¿En algún momento le ha pesado la marca Ismael Serrano?
Es lo que tiene tener personalidad [ríe]. Tiene más que ver con los prejuicios en torno a la figura del cantautor porque para algunos es un término en desuso y desgastado. Los géneros, con sus altos y bajos, no pasan nunca de moda. Siempre va a haber cantautores. Me pesa en el sentido de que hay gente que me mira con recelo y porque tengo que utilizar el doble de argumentos para explicar por qué canto, cuando surge de la emoción. Canto a lo que me emociona, al amor y desamor, a mi visión de una sociedad desigual o a los problemas que nos toca sufrir. Se ha impuesto de manera hegemónica una estética que tiene que ver con el escapismo y con el dejar de lado la realidad. Hay espacio para todo porque hay momentos en los que te apetece evadirte y momentos de reflexión. Yo reivindico el término cantautor, aunque a algunos les parezca algo desgastado.

Ahora que repasa su carrera, ¿le preocupa el paso del tiempo?
Siempre me ha preocupado, no tanto por el paso del tiempo si no por la fugacidad de las cosas y cómo todo se olvida. Me preocupa como todo se usa y se tira. Con el paso del tiempo, tengo la sensación de que llego tarde a mi mejor momento y pienso ‘ojalá tuviera esta claridad con 20 años’ y luego porque se le exige juventud a todo artista que quiera tener éxito. A los mayores, en este país, se les caricaturiza y no entendemos que el paso del tiempo y el éxito pueden ir de la mano. No perdonamos que a la gente le vayan bien las cosas. Creo que a todo el que escribe canciones le preocupa el paso del tiempo porque es una forma de combatirlo.

Con tantas canciones que tiene propias, ¿por qué en este disco ha versionado a otros autores?

 

Porque me divierte muchísimo y con ello reconozco una deuda en mi forma de entender la música. Empecé, con unos amiguetes del barrio, cantando canciones de otros con 16 años. Aún tengo la fantasía de ser un cantante de crucero que canta versiones de otros. Debe ser un complejo o algo pero me sigue gustando mucho.

 ¿La elección en base a qué ha sido?
Responde a lo que me pide el alma, a lo que más me apetece decir y contar. He hecho un repertorio equilibrando con la presencia de todos mis trabajos porque me siento orgulloso de todos ellos.

Usted que le canta a la cotidianidad, ¿de qué escribiría ahora?
Hablaría de la incertidumbre y de esa falta de mirada a largo plazo que a menudo parece que vivimos. Sobre todo le escribiría a unos políticos que están alejados del sentir general de la ciudadanía. Hoy por hoy la clase política es más generadora de ruido que de plantear soluciones a los conflictos con los que vivimos. Creo que hay una dejadez en sus funciones y que la sociedad civil es mucho más sensata. Vivimos en un momento efervescente y escribiría de la incertidumbre y de que uno no sabe muy bien hacia donde vamos.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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