GIRANDO POR SALAS: Luces y sombras

· 22 de agosto, 2017

Fotografía: Imagen del concierto de cierre de gira del último circuito GPS. @ Samantha López


Texto: Eduardo Guillot

A principios de agosto se dio a conocer la lista de grupos seleccionados para participar esta temporada en GPS (Girando por Salas), un proyecto concebido, según su web, «para la promoción de las músicas actuales, facilitar a los artistas emergentes un circuito de conciertos y salas más allá de su propia comunidad autónoma y potenciar la música en directo». Está financiado por el INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que este año le ha asignado 714.000 euros. Y con dinero público de por medio, el lío está asegurado. Desde la primera edición, celebrada en 2010, no ha habido temporada en que no se alzaran voces en su contra. Y por muy diferentes motivos, aunque la selección de bandas participantes suele ser el más habitual. Los que se quedan fuera se quejan, las redes amplifican sus lamentos y no hay quien se quede sin meter la cuchara en la sopa.

 

Altas y bajas

Este año, en cambio, ha viralizado también de manera profusa un artículo publicado el 12 de julio en el blog Recetas de Chiripa y titulado “El GPS: una estafa a los músicos y a la Seguridad Social”. El autor, Juanjo Castillo, explica que «la estafa del GPS consiste en utilizar dinero público para fomentar que sea el trabajador el responsable de la gestión del alta en la Seguridad Social y no el empleador». La Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras dio difusión al texto y aseguraba a través de su twitter que las bases de GPS no cumplen la legalidad, ya que el promotor debe asumir el alta en el Régimen Especial de Artistas, pero no lo hace. La irregularidad parece evidente, pero Jordi Sapena, componente de La Habitación Roja que además participó en GPS como integrante de Tórtel, explica: «Me hace gracia que se incida precisamente en la obligatoriedad de darse de alta y gestionar ese alta y los gastos que acarrea por parte de los músicos para tocar en GPS. Es así en el 90% de los conciertos que se hacen en este país ahora mismo, en festival o en sala. Y en los que no lo es, es porque no se exige el alta y por tanto el músico actúa por su cuenta y riesgo, sin estar asegurado. A los camareros sí que les da de alta el festival, pero los músicos nos lo tenemos que gestionar y pagar nosotros». En todo caso, sería una mala práctica común, no exclusiva de GPS.

Juanjo Castillo, por otra parte, firma su artículo recordando que dirigió la Red de Organizaciones de Autores e Intérpretes de Música (ROAIM), coordinó la fundación y desarrollo de las cooperativas Grupo Mus 21 y UMCA-Facturas de Músicos o que participó en la mesa de creación del propio GPS. Omite, sin embargo, que fue responsable de la campaña electoral de Caco Senante (hombre de confianza de Teddy Bautista) por la presidencia de la SGAE, y que según un sumario del juez Ruz colaboró en el fraude electoral de las elecciones de 2011 en la entidad. No resulta descabellado, por tanto, poner sus palabras en cuarentena. Herminia Martínez, actual coordinadora de GPS, asegura que están «pensando emprender acciones legales, con todo lo que puede suponer. Somos un proyecto con dinero público para gastar en música y no querríamos dedicar una partida a contratar un abogado y meternos en juicios y denuncias», subraya. En su opinión, la cruzada de la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos es contra las cooperativas que facilitan la facturación a los músicos que no son autónomos (y que son la mayoría, puesto que su actividad profesional es otra). «Las cooperativas de trabajadores son legales en este país. Otra cosa es que tú consideres que no te gustan. Hay cooperativas que están actuando de manera correcta. Otras no tanto, porque funcionan como una especie de ETT. Pero no podemos meterlas a todas en el mismo saco. Que las cuestione una llamada Unión de Sindicatos de Músicos, cuando no existe ningún sindicato de músicos en este país, es una doble mentira. Y atacar a una cooperativa como MUSICAT, que tiene más de tres mil músicos asociados y lleva más de veinte años dando a los músicos de alta, es una sinvergonzonería», dice Martínez. Sin embargo, su opinión es matizable. Por un lado, Josep Pérez, secretario del SIMUV (Sindicat de la Música Valenciana), confirma que son un sindicato legal, y que recientemente han recibido los documentos que confirman y aceptan sus estatutos, al igual que el SMAC! (Sindicat de Músics Activistes de Catalunya) y la USM (Unión Sindical de Músicos de Madrid). La Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras actuaría «como aglutinadora de las tres formaciones», según Pérez. Por otro lado, el asunto de las cooperativas es espinoso. El pasado 19 de agosto, Factoo, una de las más utilizadas por los músicos españoles, fue disuelta por el Gobierno. El Ministerio de Empleo resolvió descalificarla, lo que implica su disolución, por incluir como socios a trabajadores que deberían cotizar como autónomos y pagar la cuota correspondiente.

 

La Federación
Herminia Martínez hace referencia a MUSICAT (Associació Professional de Músics de Catalunya), uno de los socios de la Federación Coordinadora del Circuito de Músicas Populares, el grupo de entidades promotoras de GPS, del que también forman parte otras asociaciones profesionales del sector de la música: ACCES (Asociación Cultural Coordinadora Estatal de Salas de Música en Directo), APM (Asociación de Promotores Musicales), ARC (Asociación de Representantes, Managers y Promotores de Cataluña), ARTE (Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo), , PROMUSICAE (Asociación de Productores de Música de España) y UFI (Unión Fonográfica Independiente). Según explica la coordinadora de GPS, el origen del circuito se encuentra en la creación de «un grupo de presión formado por diferentes asociaciones del sector para reunirse con el INAEM y solicitar unas ayudas para la música popular, porque hasta entonces todas las que existían eran para ópera o zarzuela. Finalmente, el INAEM optó por poner en marcha GPS, pero decidió no gestionarlo, por lo que se creó una subvención nominativa. Como no era correcto que esa subvención se otorgara a una sola de las asociaciones, el INAEM pidió que se conformaran como una federación. En sus estatutos, el único objetivo que tiene es la gestión de este circuito, y el día que no exista GPS, la federación se disolverá».

No es difícil llegar a la conclusión de que la Federación actúa como un lobby. Llama la atención, por ejemplo, que haya representadas dos entidades catalanas, pero ninguna otra con carácter regional. De hecho, la Asociación de la Industria Musical Vasca (MIE) intentó asociarse a posteriori, pero no pudo. Tampoco hay ninguna valenciana, aunque la castellonense Metrònom pertenece a ARC, y por tanto está representada. Según Herminia Martínez, para poder entrar «hay tres condiciones acordadas y aprobadas por el INAEM: Tienes que ser de carácter estatal, tener suficiente representatividad (número de socios) y más de tres años de vida». Un blindaje prácticamente impenetrable, que sirvió para excluir a los vascos.

La composición de la federación es importante a la hora de escoger a las bandas participantes. «Todos los años se intenta que los grupos seleccionados respondan a una representación porcentual de los presentados», asegura Martínez. «Este año se han presentado 1.145 grupos, de los cuales cumplían las bases 840. De esos 840, se saca un porcentaje para saber cuántos proceden de cada comunidad autónoma. Y se tiene en cuenta a la hora de elegir. Este año, por ejemplo, a Cataluña le correspondían ocho y han salido siete. Siempre hay más grupos presentados de Madrid y Barcelona. De Cataluña procedía este año el 21% de los presentados. Y de Madrid, el 23%, mientras que Cantabria o La Rioja no llegan al 1%. Pero si cuando se suman los votos hay un grupo de allí que tiene suficientes votos, sale seleccionado». Lo cual, obviamente, es bastante difícil sin contar con apoyos entre los representantes de la federación. Este año, por ejemplo, los murcianos Crudo Pimento y Noise Box han sido descalificados por no cumplir un requisito de la bases, que impiden participar a bandas con más de tres discos editados. GPS contó como tales algunas recopilaciones de maquetas disponibles en su bandcamp y se quedaron fuera. «Asumimos que si en tu bandcamp pones a la venta un trabajo, se considera como editado en digital. Pero a raíz de lo sucedido, cuando nos volvamos a reunir para revisar las bases, si alguien plantea un cambio en ese sentido, se estudiará». Mientras tanto, los managers de ambos grupos están que trinan, porque consideran que es evidente la diferenciación entre trabajos publicados (ambos tienen sello discográfico) y simples demos. «Crudo Pimento estaban seleccionados y elegidos», asegura Juan Santaner, agente del dúo. «Pero alguien del jurado dijo que había que descalificarlos porque el tope son tres discos (los que tienen), pero han subido a bandcamp otros dos con descartes, maquetas, trozos sin mezclar y cosas así. Incluso los borramos, pero no. Puedes ser Xoel López y entrar, pero publicar en bandcamp descartes y maquetas es causa de descalificación».

En cuanto a los porcentajes y sus equivalencias, este año hay tres artistas valencianos en la selección, pero la cifra no es del todo real. Helena Goch aparece seleccionada por la Comunidad de Madrid, donde reside, y fue presentada por Ernie Records (Pontevedra), del mismo modo que la agencia de management madrileña Hook fue la que apostó por Modelo de Respuesta Polar. Solo [In Mute] se han colado entre los veintiséis elegidos de esta temporada sin contar con apoyo de la industria, y lo han hecho gracias a que consiguieron movilizar los votos del público, no los de los integrantes de la federación.

 

Conciertos y proyectos de edición

Jordi Sapena cree que «la intención de GPS es buena, porque su objetivo es ayudar económicamente a grupos que no se pueden permitir llegar a determinadas ciudades y apoyar a salas para que programen, pero está mal ejecutada, porque luego la realidad es que algunas de las salas en las que tocas no están preparadas para acoger conciertos, son simples bares con un equipo de voces, o los propietarios se despreocupan totalmente de hacer una promoción en condiciones, porque saben que les cubren los gastos y les da igual si van sesenta personas o ninguna». Álex López-Allende, de la sala Dabadaba (San Sebastián), publicaba hace unos días en sus redes: «Ahora toca programar a los grupos de GPS, sabiendo que, quitando tres que ya los tenemos programados de todas formas, van a venir veinte personas máximo. En la tanda del año pasado, un grupo metió 38 y otro 4». Herminia Martínez asume que es uno de los puntos flacos del programa. «Cada vez tenemos mayor control sobre este tema, tanto con grupos como con salas. Hay bandas que hacen una gran promoción y otras que no se preocupan. No podemos ponerle una pistola en la cabeza a la gente, pero sí tenemos en cuenta su trabajo de cara al año siguiente, del mismo modo que hay locales que han dejado de estar en el programa».
Hasta 2015, GPS financiaba una gira de cuatro fechas a cada grupo seleccionado. Ahora son entre seis y nueve conciertos. Se ha aumentado el número de actuaciones y reducido el de bandas. Además, se les otorga una ayuda de 2.500 euros para promoción y producción discográfica. Y, más allá de los conciertos, ese es el objetivo de algunos de los participantes. Los valencianos Senior i el Cor Brutal fueron seleccionados en 2013, precisamente gracias a la presión ejercida por Metrònom en el seno de la federación. Realizaron cuatro conciertos, la mayoría en ciudades castellanoparlantes, donde nunca habían oído hablar de ellos. La media de asistencia, según las cifras que manejan desde GPS, fue de 27 espectadores. Desde ese punto de vista, no compensó. Pero los 2.200 euros que se destinaban entonces como ayuda para la promoción y producción discográfica les permitieron publicar “El poder del voler”. Por ese lado, se resarcieron sobradamente. Pero cuando editaron el CD, no incluyeron el logo del INAEM, condición obligatoria para recibir la subvención. Como dice el refrán: hecha la ley, hecha la trampa. Quiero tu dinero, pero no tu marca. Una tirada urgente de cien copias solucionó el entuerto. «Una manzana podrida no puede llevar a la conclusión de que todo el capazo lo está», alega Herminia Martínez. «Estamos hablando de gente que hace su trabajo, y las cosas dependen de la profesionalidad de cada uno. Todas las camisetas de Julián Maeso llevan el logo de GPS, mientras que otros grupos nos aseguran que la inversión es para camisetas, nos mandan dos con el logo y luego ves que en el merchandising de sus giras no lo llevan. ¿Qué hacemos? ¿Lo denunciamos? ¿Dejamos de trabajar con esa agencia?» Como ocurre con todos los asuntos relacionados con GPS, demasiadas preguntas y pocas respuestas, pero si algo parece claro es que las posibilidades de selección crecen si se va de la mano de empresas asentadas en la industria. «Lo normal es que los grupos los presenten agencias o discográficas, que les dan de alta. La Unión de Sindicatos ve el problema en los grupos autogestionados, a los que recomendamos las cooperativas. No hay otra solución, excepto que prescindamos de los grupos autogestionados», concluye Herminia Martínez.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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