ARENAL SOUND. Las cartas boca arriba

· 1 de agosto, 2017

Fotografía: Icona Pop


Texto: Eduardo Guillot

El festival, que el año pasado permaneció en Burriana gracias a la intervención directa de la Generalitat Valenciana, regresa a la zona del Puerto y afronta con todos los abonos vendidos una octava edición en la que se hace más evidente que nunca el preponderante papel de los disc jockeys, dentro un cartel acomodaticio y que no se caracteriza por las sorpresas.

 

Cuesta creerlo echando un vistazo al cartel de este año, pero en 2010, en la primera edición del Arenal Sound, actuaron Simple Minds, The Cranberries, Bebe y Marlango, entre otros. Miguel Bosé estaba anunciado, pero una inoportuna afección de garganta de última hora le obligó a cancelar su show. También estuvo Iván Ferreiro, que repite en 2017, en la que será su cuarta visita al festival. El gallego ha estado en la mitad de ediciones, un dato que ejemplifica por sí solo (no es el único caso) el nivel de originalidad con que se confecciona el cartel cada verano. Porque el Arenal Sound no tardó en enderezar el rumbo, y tras aquella primera edición en la que no quedaba muy claro cuál era el público que se buscaba, el festival se apuntó a la fórmula ganadora, esa que ya no se quitará nunca la etiqueta de indie y en la que caben desde Calvin Harris o Scissor Sisters (2011) hasta Placebo y Die Antwoord (2014), sin olvidar a la habitual retahíla de bandas estatales que el aficionado se puede encontrar en todos y cada uno de los eventos similares que pueblan la geografía española.

De hecho, David Sánchez, uno de los principales organizadores del Arenal Sound lo es también, con diferentes socios en cada caso, del Festival de les Arts y del Granada Sound, cada uno bajo una marca empresarial diferente (Perseida Music, House of Music Festivals y Alhambra Sound), aunque todas comparten la misma sede social de Valencia. No extraña, por tanto, que los noruegos Kakkmaddafakka toquen este año en los tres festivales. Si al artista internacional se le ofrecen varios conciertos, el caché baja. El mismo domicilio fiscal tienen los festivales Cabo de Plata (Cádiz) e Interestelar (Sevilla), organizados con Global Music 360. Junto al Viña Rock (Albacete), completan un nada desdeñable imperio económico. Es evidente que los macroeventos musicales son una inversión rentable (máxime cuando desde las instituciones turísticas se apoyan a través de marcas como Mediterranew Fest), y ya se sabe que cuanto menos se arriesga en los negocios, más fácil es obtener beneficios. Por eso, desde hace mucho tiempo, el ingrediente menos importante de los festivales es la música. Cada vez esta más cerca el día en que un cartel se repita entero de uno a otro.

Así las cosas, el Arenal Sound, que ya tiene todos los abonos vendidos, ha dado el volantazo definitivo: Si el público se decanta en masa por la fiesta de madrugada y los disc jockeys, hay que darles el protagonismo que justamente merecen. Y en el cartel del festival de Burriana los nombres de Martin Garrix, Yello Claw, Fedde Le Grand, Sam Feldt o KSHMR ya aparecen tan grandes como los de Amaral, Lori Meyers o Bastille. Y más que los de Sidonie, Miss Caffeina o La Habitación Roja. Y lo mismo sucede con Clean Bandit e Icona Pop, formaciones de penúltima generación que facturan un sonido abiertamente pensado para las pistas de baile o los grandes recintos al aire libre. El resto es relleno de mayor o menor relevancia, como Jake Bugg, que regresa a tierras valencianas tras el irrelevante pase ofrecido en el Festival de les Arts. O la cuota valenciana, mayoritariamente relegada a horarios residuales.

Más allá de la reiterativa salmodia sobre los carteles clónicos y la escasa imaginación de los programadores, el éxito del Arenal Sound (y del Festival de les Arts, ambos enfocados al público milenial) plantea también un interesante cambio de paradigma. El rapero Kase.O aún aparece como cabeza de cartel, pero sabe que el giro es irreversible. A sus 37 años, en el pasado Cruïlla clamaba desde el escenario asegurando que él ofrecía hip hop y funk, no trap ni reggaeton. Eran las palabras de un artista que ya nota en la nuca el aliento de la competencia. En Burriana, los nombres de Dellafuente & Maka, Lágrimas de Sangre y C. Tangana todavía se escriben en un cuerpo de letra más pequeño que el suyo, pero cada vez aparecen con más frecuencia, y del mismo modo que los disc jockeys son abrumadora mayoría y se han encaramado a lo alto del cartel por aclamación popular, la tendencia que marca el público más joven está muy clara. Y ese, y no otro, es el target de este modelo de festival multitudinario, de acceso barato y cuyo objetivo es ofrecer una semana de ocio global a los asistentes.

 

 

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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