Roberto Abbado: «La música es vibración, algo físico»

· 28 de Junio, 2017

Un piano de cola presidía el salón de su casa de niño. Roberto Abbado, director de orquesta y director musical del Palau de les Les Arts,  solía sentarse debajo. Fue allí donde se enamoró de la música. Aunque le venía de familia: un abuelo violinista, un padre pianista y su tío Claudio, uno de los grandes directores de orquesta. Abbado toma de nuevo la batuta para dirigir el Tancredi de Rossini.

 

  • Era un adolescente cuando, estudiando solfeo, dirigió su primer ensayo y un joven de 23 años cuando se enfrentó a su primera ópera. Roberto Abbado [Milán, 1954] vuelve a empuñar la batuta con el Tancredi de Rossini -días  29 de junio y 1 de julio- para clausurar la temporada del Palau de les Arts de València, donde es, desde 2015, director musical junto con Fabio Biondi. Además, el 30 de junio dirigirá a la Orquestra de la Comunitat Valenciana -con la que ha grabado recientemente para Deutsche Grammophon- en el Palau de la Música. Rossini es una constante para Abbado. La música, como la vida, es circular.

Con razón lleva Italia el ‘título’ de país de la ópera: el Palau de les Arts de València tiene un triunvirato italiano al frente.
[Ríe.] Seguro que Italia es el país de la ópera. Lo es por historia, y eso no se puede cambiar. Y desde siempre los italianos han viajado por toda Europa exportándola. Los españoles, los valencianos, han hecho posible que un intendente italiano nombre a dos directores italianos, es señal de apertura mental. Los valencianos han tenido grandes músicos desde siempre, hay muchos instrumentistas en las mejores orquestas del mundo, tienen una gran tradición con las bandas y un conservatorio muy importante.

También se nota en la programación. Usted regresa de nuevo a Rossini…
Y con Il Tancredi, que es mi primer Rossini ‘serio’ grabado; lo grabé hace 22 años en estudio, y ahora en València, 22 años después, vuelvo a dirigirlo, pero esta vez ante el público.

A los directores de orquesta se les suele asociar a algún compositor en particular. ¿Se establecen vínculos especiales con unos más que con otros?
A veces sí. En mi caso, Rossini siempre me ha gustado muchísimo. Tiene la capacidad de ser moderno en su época y eso es impresionante. Rossini está entre los grandes compositores de ópera italianos del siglo XIX. Y es el más genial en el sentido de que mira más al futuro. Verdi compuso una música más bonita, pero Rossini fue más adelantado. Es como si tuviera un telescopio por el que mirar al futuro. Lo inventó todo él. Puso la carretera por la que circularon los demás.

Hablamos de óperas del siglo XIX, o del XX, pero ¿se puede hablar ya de una ópera del siglo XXI?
¿Cómo podemos saber hoy qué dirán, qué pensarán en el futuro, de las óperas del siglo XXI? No podemos saberlo. La historia dará su juicio. Pero se compone mucho. La Scala [de Milán] presentó recientemente su nueva temporada e incluye una nueva ópera (Fin de partie) de György Kurtág, un compositor húngaro de 91 años. La ópera está viva. Y es una forma de arte que está cambiando.

Se incluyen proyecciones audiovisuales, cineastas de Hollywood actúan como directores de escena… ¿se corre el riesgo de que el espectáculo opaque la esencia operística?
Riesgo no creo. La ópera, su puesta en escena, siempre ha estado cambiando. Hay un antes y un después de Wagner. Él indicó la dirección por donde ir. Las óperas de Wagner, que fueron las más representadas en su época, tenían unas puestas en escena muy innovadoras. La ópera es teatro. Es un conjunto de factores y la dificultad es que funcione, es un trabajo en equipo. Y la colaboración de todos es la que construye algo fuerte.

¿Desde el punto de vista técnico -afinación, construcción de instrumentos, etc- las óperas suenan muy diferentes a como fueron concebidas?
Desde el punto de vista técnico, los instrumentos han cambiado, las voces han cambiado, la técnica vocal también… Efectivamente, ahora no suena igual.

¿Los musicales, tan de moda y al alcance de un público más amplio, son competencia para la ópera?
No, pueden convivir perfectamente ambas formas de arte.

Descubrió la magia de la música cuando, de niño, se escondió bajo un piano y lo sintió vibrar. Esa emoción tiene algo de ancestral…
La música es vibración y, sí, es algo ancestral. Es una experiencia que cada niño debería vivir. Es maravilloso escuchar la música bajo un piano de cola. Es una vibración tan fuerte, ese contacto físico… porque la música es contacto físico. Cuando estás en un auditorio con una buena acústica, la música suena alrededor de nosotros.

El libreto, la historia, la literatura operística ¿no se ha quedado muy relegada a un segundo plano?
Hubo un tiempo, cuando no había vídeos, en que la gente se preparaba antes de ir a la ópera leyendo el libreto, ahora no tenemos tiempo [ríe]. Y es verdad que es una forma de literatura distinta, no inferior, es otra cosa. A veces un texto leído no funciona y en cambio sí lo hace en el escenario con el teatro y la música, pero en otros casos sí funciona solo.

¿Qué misión tiene el director de orquesta, con qué se le podría comparar?
El director tiene que juntar todos los elementos de la ópera. El trabajo más importante es con los cantantes, procurar que se cante de una forma unitaria, con un estilo, bajo un concepto… Si no hay una idea precisa de hacia dónde vamos no tiene sentido. El director toma a todos -cantantes, músicos, director de escena, los elementos escenográficos…- de su mano y debe ser capaz de caminar en una dirección con todos en sus manos y junto a ellos llegar a la cima de la montaña.

Usted estuvo al frente del Teatro Municipal de la Orquesta de Santiago de Chile durante los años postreros de la dictadura de Pinochet [exigió por contrato no tocar nunca para él]. A veces la música se instrumentaliza ideológicamente. Mire Wagner.
De Wagner se hizo un uso… Hace dos semanas dirigí en San Francisco el concierto para violín y orquesta de Schuman, un compositor romántico. Esta obra no se estrenó en vida de Schuman, que no podía ni imaginar que en 1937 fuese utilizada políticamente por los nazis. Quisieron confrontarlo al concierto de Mendelson para violín, que era judío. Fue en Berlín, con músicos alemanes, un director alemán… Siempre se han hecho esas cosas pero Schuman no tenía nada que ver, no tenía ni idea de que podía ocurrir. La música es música. Son los humanos los que utilizan la música que han creado otros humanos.

 

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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