RAMONES. Herencia eterna

· 26 de Junio, 2017

Fotografía: CJ Ramone


Texto: Eduardo Guillot

CJ, bajista de Ramones desde 1989 y hasta la disolución de la banda, en 1996, visita Valencia para presentar en directo su tercer disco en solitario, “American Beauty”, aunque en su repertorio no faltarán canciones del inmortal repertorio del grupo que le dio su apellido artístico.

 

Circula desde hace años entre la gente del mundillo musical una broma acerca de cuáles son los peores grupos de la historia del rock. La respuesta no admite dudas: Beatles, Nirvana, Ramones y Radiohead. El asunto tiene guasa, claro. Porque son grandes bandas con un peso histórico indiscutible. El truco está en que no se las considera dañinas por sí mismas, sino por toda la progenie clónica a la que han dado lugar. Desde formaciones que imitan su sonido sin añadir una pizca de originalidad a la fórmula hasta tributos de todo tipo y condición.

El caso de Ramones es particularmente singular. No solo siguen apareciendo imitadores del cuarteto neoyorquino con más facilidad que los champiñones en el bosque, sino que todos aquellos que pasaron por el grupo han perdido su identidad anterior para ser un Ramone de por vida. Fallecidos los padres de la criatura, esto es, Joey (Jeffrey Hyman, 1951-2001), Johnny (John Cummings, 1948-2004), Dee Dee (Douglas Colvin, 1951-2002) y Tommy (Thomas Erdélyi, 1949-2014), los depositarios del legado de la banda son todos quienes estuvieron en el seno de la formación en algún momento.

 

Aunque previamente pasó por Dust y también formó parte de Richard Hell & The Voidoids, Marky (Marc Bell) es quien más ha explotado su paso por los Ramones. Bien es cierto que llegó a grabar ocho discos de estudio con ellos y que, tras la marcha de Tommy fue, a todos los efectos, el batería oficial del grupo. Incluso ha conservado el apellido en posteriores aventuras en solitario (con The Intruders o The Speedkings). Además, fue el productor ejecutivo del documental “Raw” (John Cafiero, 2004) y sigue girando por todo el planeta tocando el repertorio de la banda, acompañado por músicos de diversas nacionalidades y, en ocasiones puntuales, con invitados conocidos, como Andrew W.K. o Ken Stringfellow.

El también batería Richie (Richard Reinhardt) solo grabó tres discos con Ramones, razón más que suficiente para poder lanzarse a la carretera para rendirles tributo. Y la misma cantidad de álbumes de estudio, tres, llevan en los créditos el nombre del bajista CJ (Christopher Joseph Ward), sustituto de Dee Dee hasta la despedida del grupo. Precisamente es CJ quien hace escala en Valencia esta semana. Por el momento, lleva tres discos editados a su nombre que, de algún modo, mantienen vivo el espíritu de los Ramones. El último de ellos, aparecido este mismo año, es “American Beauty”, y es un trabajo más que digno, pero el repertorio de sus conciertos, inevitablemente, incluye material de Ramones.

 

Por supuesto, los tres tienen todo el derecho del mundo a tocarlo. Pero da la sensación de que están recogiendo las migajas. Es bien sabido que, pese al éxito que obtuvieron en España y algunos países latinoamericanos en los últimos años de su carrera, la historia de los Ramones es bastante triste, marcada durante mucho tiempo por la tensa relación entre Joey y Johnny (a raíz de que el segundo le robara la novia al primero y se casara con ella) y, sobre todo, por sus constantes fracasos en el mercado estadounidense. Tuvieron mala suerte hasta para morirse: Si hubieran aguantado unos años más, habrían podido aprovechar la fiebre festivalera y haber amortizado su conversión en banda de culto. Es incuestionable que serían cabezas de cartel por méritos propios donde quisieran. En el tiempo transcurrido desde su adiós, su repertorio no ha hecho más que revalorizarse, hasta alcanzar la categoría de clásico. Y eso ha hecho que surgiera una creciente plaga de clones que infesta el planeta y de la que es imposible librarse. Como sucede con Nirvana, los Beatles o Radiohead. De ahí el chiste.

 

En un ejercicio de explotación sin apenas precedentes (probablemente, solo los Fab Four les superen), la proliferación de bandas tributo a Ramones se ha convertido en un azote global. En castellano y en valenciano; masculinas, femeninas o instrumentales; para niños y adultos; centradas en un disco concreto (son varias las que reproducen “It’s alive” al completo) o en todo su repertorio; en tono reverencial o humorístico… Hasta Mario Vaquerizo tiene la suya: Ramonsters. Sí, el nombre es un prodigio de ingenio. No es el único. El falso apellido (que, por cierto, era un homenaje a Paul McCartney) y el celebre logo diseñado por Arturo Vega han sido modificados, tuneados y adaptados hasta en el último rincón del mundo. Sin que nadie haya pagado por usarlos, naturalmente. Los músicos españoles se han indignado recientemente (y con razón) porque una marca comercial ha realizado un spot en el que se paga a una banda con botellines de cerveza, pero sería interesante saber cuántos de ellos rellenan las hojas de autores para que los poseedores de los derechos de los Ramones reciban lo que les toca a cambio de interpretar sus canciones (siempre, obvio es decirlo, sin llegar a la suela de los zapatos de sus creadores) y llenar locales con ellas.

 

En esta tesitura, si alguien tiene derecho a tocarlas son Marky, Richie y, por supuesto, CJ. Obviamente, lo que ofrecen es un sucedáneo, pero hay varias generaciones que han conocido el repertorio Ramone con posterioridad a la desaparición de la banda y, por tanto, no han tenido la oportunidad de verla en directo. Por Valencia pasaron hasta cinco veces: La sala Bony de Torrente les acogió por primera vez el 10 de noviembre de1981, y después ya sería siempre Arena Auditorium el local donde actuaron, los días 9 y 10 de febrero de 1989, el 4 de diciembre de 1990 y el 13 de marzo de 1991. Quien los vio entonces sabe que no hay nada comparable. Quien no tuvo la suerte (muchos de sus fans actuales ni habían nacido), debe conformarse con unos restos que, no obstante, también forman parte de la historia. De hecho, cuando reclutaron a CJ, Joey declaró: «Le adoro. Con él, el grupo vuelve a ser fresco y excitante. Nos ha devuelto a la época de nuestros inicios. Incluso nos ha hecho olvidar los últimos tiempos con Dee Dee, en los que todavía existía cierta hostilidad entre nosotros. Eso está olvidado». De algún modo, su entrada en la banda fue como renovar el aire en la formación. Era, por ejemplo, 17 años más joven que Johnny, así que llegaba con otra mentalidad. A decir verdad, ni siquiera era un gran fan de Ramones, ya que procedía de Axe Attack, un grupo de heavy metal con el que había grabado un par de álbumes. Le incomodaba ponerse el uniforme (especialmente los vaqueros rotos), pero aceptó porque «estaba sin trabajo y me ofrecían 300 dólares a la semana». Casi treinta años después, conserva el apellido y gira por todo el mundo tocando las canciones que aprendió con ellos.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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