LOS RADIADORES: «Ya no se cree en carreras de fondo»

· 9 de junio, 2017

Fotografía: Josep Escuín


Texto: Eduardo Guillot

Lejos queda ya “Bienvenido” (2011), el EP con que se dio a conocer el cuarteto valenciano Los Radiadores, con algunos veteranos de la escena local en sus filas, y que ha ido apuntalando su estilo hasta desembocar en “Los perros ladraron”, su recién editado tercer LP. Habla Raúl Tamarit, cantante, guitarrista y autor de los temas.

 

Parece que el grupo ha encontrado el territorio sonoro donde se siente cómodo. ¿Es así?

Creo que no es una cuestión de comodidad, sino más bien de honestidad con nosotros mismos. En este disco se han quedado fuera un par de canciones que tenían planteamientos distintos, con otros desarrollos estilísticos. Las trabajamos, pero al final se notaban demasiado forzadas, poco naturales, no nos identificábamos al cien por cien con ellas. También se han quedado fuera un par que estaban mucho más vinculadas directamente con lo que habíamos hecho en discos anteriores. Se trata de buscar un equilibrio y, al mismo tiempo, no perder la identidad. Por ejemplo, “Cuerdo de atar” llegó al local de una forma, y yo mismo me di cuenta de que no funcionaba y le di la vuelta completamente. No queremos hacer ejercicios de estilo, más bien que quien escuche a Los Radiadores nos identifique inmediatamente. Para bien o para mal.

 

¿Con qué objetivos entró la banda esta vez en el estudio?

Si somos realistas, no creo que nadie estuviera esperando otro disco de Los Radiadores. Si nos hubiéramos disuelto sin hacer ruido, sinceramente creo que pocos nos hubieran echado de menos. Pero no es nuestro caso solamente. Les pasa a muchos otros, incluso con más eco mediático. Es todo de usar y tirar, ya no se cree en carreras de fondo. Si estás, pues bien, y si no, pues a otra cosa. Pero en un ejercicio de reflexión personal, llegue a la conclusión de que hacer canciones, tocarlas en directo y publicar discos es, hoy por hoy, lo que más me llena. Es una cuestión de egoísmo y de supervivencia. En plan: “Esto es lo que me gusta a mí, pues ahí va”. Si alguien se identifica, bienvenido sea. El objetivo principal es que las canciones lleguen al máximo de gente posible, a estas alturas no hacemos discos para molar entre nuestros amiguetes, ni en el barrio, ni demostrar en Facebook que somos mega rockeros y super buenrollistas. Creo que el planteamiento es más sesudo.

 

Reivindicáis el rock de guitarras en castellano a la vieja usanza, mientras la chavalería escucha trap y reguetón. ¿Os sentís de otra época?

Quiero pensar que no, estamos viviendo en el Siglo XXI, y siempre hay cosas que llaman especialmente la atención, aunque a veces no precisamente con planteamientos excesivamente novedosos, pero sí con la intención de ofrecer buenas canciones. No somos amigos de la nostalgia, más bien del presente. Pero nuestro background está ahí. En mi caso, por distintas razones, escucho algo de música actual, y de lo más variado, pero luego, a la hora de identificarme con algo, siempre está estrechamente vinculado con el rock and roll. Es con lo que más disfruto. Ahora, por ejemplo, vivo una época de regresión redescubriendo a viejos rockers y bluesmen. Son como novedades, ya que a algunos nunca los había oído. O no había reparado en sus formas. He de confesar que alguna vez, en el local de ensayo, de broma, hemos hecho alguna improvisación a ritmo de reguetón; al margen de las letras, tiene un ritmo juguetón, y nos hemos reído un rato. También lo hemos hecho con blues o noise, básicamente por juguetear un rato. Pero no creo que vaya con nosotros. Además, mi hija de ocho años a veces me viene con que le descargue alguna canción concreta de reguetón que le han comentado sus compañeras en el colegio, y tela. Contra eso no se puede luchar.

 

Con estos cuatros discos, las salidas al exterior han sido contadas, imagino que por responsabilidades varias (familiares, laborales), y tampoco sois un grupo que cope festivales. ¿Es la situación ideal para trabajar sin presiones y que el proyecto pueda durar eternamente?

Entre “Manual de supervivencia” y “Gasolina, santos y calaveras” salimos bastante, hicimos unas cuantas plazas; luego, nos relajamos un poco. También es cierto que, muchas veces, las condiciones no acompañan. Una de las cosas que quedó clara en el grupo es que tenía que haber buena disponibilidad para salir a tocar, y la hay, pero no se ha dado el caso, y muchas veces te planteas las condiciones y es preferible quedarte en casa. Por alguna razón, no sabemos movernos, o no tenemos los botones que hay que apretar. ¿Festivales? Hemos llamado, hemos escrito… Pero seguramente no damos el perfil. Ni tenemos “amiguetes” que nos puedan enchufar. Por desgracia, ahora mismo es uno de los escaparates para que te vea un público que de otra forma no lo haría, o al menos para demostrar que estás vivo. Pero es que siempre están los mismos, y claro, no hay hueco para nosotros. Por otro lado, no estamos en una escena punk/garagera, ni en indie, ni de rockeros ortodoxos, pasamos bastante de los patrones rockistas y de los estándares, y además cantamos en castellano. Si hiciéramos versiones, igual si usáramos el valenciano… La sensación que tengo es que vamos a nuestra bola cada vez más. No es una queja en absoluto. Con este disco estamos trabajando con una gente que se ha propuesto que después de verano se haga una gira con las mínimas condiciones.

 

Repetís en la producción con Dani Cardona. ¿Es vuestro mejor cómplice? ¿Son responsabilidad suya los arreglos de aire castizo y fronterizo de “Buddy Holly”?

Con “Gasolina, santos y calaveras” empezamos a grabar con otro productor, Sergio Devece, que se lo curró mucho, pero a mitad de grabación hablamos con él y decidimos ir a terminar el disco con Dani, que ya nos tenía pillado el rollo y con quien nos sentíamos cómodos. Con este disco, ni siquiera nos plateamos cambiar después de la experiencia. En muchas ocasiones, cuando llevo la canción al local, también aporto la dirección de los arreglos, y “Buddy Holly” es el caso. Cuando empezamos a trabajarla, le dije al Joven (Jose A. Nova) el arreglo de guitarra y por donde quería que fuera, y al Metralla (Vicente Vila) le sugerí el ritmo. Luego, claro, la interpretación de cada uno suma al conjunto. Sobre la idea que le di, El Joven sacó un arreglo surfero en el estribillo, en la línea de Dick Dale y una bajada con unos acordes que nos recordaba a Los Brincos. Dani se encargó de buscarle el sonido a las guitarras y metió unas castañuelas. Pero la idea de la canción salió en mi casa, y del local de ensayo tal y como se grabó.

 

¿Es “Marte ya no nos quiere” un guiño al “Tokio ya no nos quiere” de Ray Loriga?

No lo había pensado, pero ahora que lo dices… No sé, igual son esas cosas que se quedan en el subconsciente y luego salen. De Ray Loriga solamente tengo “Heroes”, “Caídos del cielo” y “Trífero”, pero justamente ese no. La canción está inspirada en “Marte” un documental de ficción que hacían en National Geographic, donde unos cuantos astronautas viajaban al planeta para investigar cómo se podría vivir allí; y, por otro lado, en “Crónicas Marcianas”, de Ray Bradbury, en el que el planeta muestra cierta hostilidad por la presencia humana. Lo que sí que hay es un guiño a “Space Oddity”, en la frase “Queda lejos el azul del mar” (“Planet earth is blue, and there’s nothing I can do”), y bueno, la cuenta atrás del final. Es muy sutil, pero ahí está.

 

Aunque se notan trabajadas, las letras no aparecen en el disco. ¿Por qué?

Decidí en el último momento que no salieran. Supongo que para que el que las escuche preste más atención, pero no caí en la cuenta de que la gente siempre va con prisas. Tampoco me considero un letrista ni nada por el estilo… Sí es cierto que, ahora que lo pienso, y al menos en la edición del vinilo, hubiera estado bien ponerlas. En bandcamp sí están. Quizá estaría bien poner un apartado en la web para que se puedan descargar.

 

El disco sale también en vinilo, un formato que de nuevo remite a otra época. ¿Era un deseo largamente esperado?

Se barajaron varias opciones. Una era no editar físicamente, o hacer una tirada mínima en CD. Prácticamente nadie quiere ya el soporte físico, me han llegado a decir que mande un enlace para escuchar el disco. Otra opción era el vinilo, por lo que dices, porque era un deseo largamente esperado. Nunca había publicado nada en ese formato, ni con Una Sonrisa Terrible ni con Los Radiadores. Y soy comprador. Era una ilusión, la verdad. Hablé con Trilobite, que editan solo discos en vinilo, para que me informaran, y me dijeron que si decidía sacarlo, ellos pagaban parte de la edición, pero con la condición de que tenía que estar para el Record Store Day. Le metimos caña a la grabación, porque íbamos justos de tiempo, y conseguimos nuestro vinilo.

 

http://www.losradiadores.com/

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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