Festival de les Arts. El bucle infinito

· 9 de Junio, 2017

Fotografía: Kakkmaddafakka


Texto: Eduardo Guillot

Las comparaciones son odiosas. Mientras continúa habiendo voces que claman porque València se convierta en escala de grandes giras internacionales (como si otras ciudades españolas lo fueran o U2, AC/DC y The Rolling Stones tocaran cada mes en nuestro país), seguimos sin contar con un festival urbano de cierta entidad. Mirar hacia los vecinos del norte da envidia sana: Barcelona celebraba hace justo hace una semana el Primavera Sound, antes de que acabe el mes acogerá el Sónar y en julio, el Cruïlla. Todos con cabezas de cartel internacionales de primer nivel. ¿Y qué tiene València? El Festival de les Arts.

 

Tratar de compararse con la capital catalana es tan absurdo como poco realista. No tenemos su volumen de población, ni el mismo apoyo institucional a las actividades musicales, ni su afluencia turística, ni siquiera (y este dato es muy relevante) una programación general de salas (hay excepciones) que priorice el interés por las propuestas de riesgo. Pero que, en su tercera edición, el mayor evento musical urbano con que cuenta València tenga como principal reclamo foráneo a Jake Bugg, The Vaccines y Kakkmaddafakka dice bien poco a favor de la inquietud cultural de la ciudad. Los noruegos, por ejemplo, han pasado ya por Murray Club (2011), por Noise (2013), por el FRA de Alaquàs (2014) y por Wah Wah en noviembre del año pasado, siempre bien arropados por una marca comercial. Este verano, además, estarán en el Arenal Sound (donde ya tocaron en 2013). Como Kaiser Chiefs, Crystal Fighters o The Hives, parecen existir únicamente para pasar las vacaciones en España. Porque, seamos sinceros, no se puede afirmar que su adocenada propuesta musical tenga un interés que justifique sus constantes visitas.

 

Al menos, se trata de bandas que gozan de evidente éxito entre la población juvenil, que al fin y al cabo es la que se gasta el dinero en unos abonos cada vez más baratos, destinados a que se metan cuanto antes en el recinto y se dediquen a consumir. Porque los otros dos cabezas de cartel internacionales son también irrelevantes en el contexto de la escena pop. The Vaccines publicaron en 2011 un disco debut que, como en el caso de toda nueva banda británica, se convirtió en hype. Y, como de costumbre, la expectación se tornó indiferencia con sus siguientes grabaciones. Llegan a Les Arts con un anunciado cuarto álbum a punto de salir a la calle, así que es de esperar que estrenen repertorio. En cuanto a Jake Bugg, parecía la gran promesa del nuevo folk rock, pero su estela se ha ido diluyendo con el paso de los años. “On My One” (2016) es, de momento, su último trabajo. Y la obligatoria ración de electrónica correrá a cargo del dúo alemán Digitalism. Hay que admitir, eso sí, que todos son nombres de la generación millenial, a diferencia de los dinosaurios que copan los carteles de otros festivales del estado.

 

En el presente caso, esa cuota hay que buscarla en el listado de participantes nacionales, donde sí es fácil encontrarse con artistas del periodo cretácico superior, como Fangoria, o veteranos de largo recorrido en lides indie mainstream, como Iván Ferreiro o Sidonie. También mucha clase media, ideal para amenizar los horarios de tarde, cuando la afluencia de público es menor, pero son necesarios reclamos en los escenarios que justifiquen la apertura de barras. Y, por supuesto, una representación local que, desde que Sona la Dipu decidió apostar por llevar grupos a los festivales, ha servido para que los organizadores se laven la cara con las instituciones a coste cero y unas cuantas bandas (casi siempre las mismas) logren un favorecedor moreno de piel a base de tocar ante un sol de justicia. Es lo que hay. Blogs y webzines aplauden a cambio de acreditaciones o pequeños trabajos para el propio festival y el mundo sigue girando, a la espera del siguiente fin de semana, como un bucle infinito.

Eduardo Guillot

Periodista cultural


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