Revólver. «Estas canciones se sostienen con los mínimos elementos»

· 28 de febrero, 2017

Fotografía: Efe/Mariscal


Texto: Eduardo Guillot

Capitol es el decimosegundo trabajo de estudio de la banda liderada por Carlos Goñi. Un disco que supone su debut independiente y en el que regresa a sonoridades americanas conectadas con el sonido clásico de sus primeros álbumes. El 3 de marzo lo presenta en directo en València.

Son ya 18 discos, incluyendo directos y recopilaciones, los que engrosan la carrera de Revólver, el proyecto que Carlos Goñi inició en 1990, tras salir de Comité Cisne. El más reciente se titula Capitol, y rescata la esencia de sus primeros trabajos.

Tras 27 años en Warner, editas este disco de manera independiente, como el primer single de Garage, el grupo con el que empezaste a tocar, a principios de los ochenta.
Dibujábamos las portadas en un pliego de offset donde cabían tres. Uno las recortaba, otro las pegaba doblando las pestañas y otro metía los singles dentro. No sé si hay algo más independiente (risas). Esta vez, el cambio era necesario. Yo firmé con Warner, y así fue durante los primeros años, de 1990 a 2005. Después se convirtió en DRO, que no era el sello con el que me había comprometido inicialmente. Me pusieron un buen contrato encima de la mesa, pero había cierta desconexión que no me gustó. Y me fui.

¿Tiene algo que ver ese paso con que el disco recupere el sonido más clásico de Revólver?
Estaba terminado antes de tomar la decisión. Hubo algunos malentendidos y fue entonces cuando opté por marcharme. Es un disco donde muchas canciones se sostienen con guitarra acústica, voz, bajo y batería, reducido a pocos elementos, quizá por eso suena a clásico.

¿En qué medida ese enfoque más austero de la producción tiene que ver con los años en que has girado en formato trío?
Ha sido una escuela brutal. En trío solo puedes transmitir un mensaje. La nota que vale es la que suena, ni la de antes ni la de después. He aprendido mucho. Y después vino otra gira que hice solo. De ahí la necesidad de despojar las canciones de otros ornamentos. Lo que no quiere decir que sea un disco sencillo. Hace unos años descubrí un grupo de guitarristas norteamericanos, como Antoine Dufour o Andy McKee, que hacen instrumentales acústicos muy interesantes, y que han tenido mucho que ver con el modo en que he hecho este disco, donde casi no hay solos.

¿Será también en trío la próxima gira?
He incorporado un teclista, pero no para trabajar desde la base, como hasta ahora en Revólver. Sigue sonando con la pegada de un trío, pero el teclado hará arreglos puntuales.

El título, Capitol, remite al hotel madrileño donde has concebido el disco. ¿Por qué allí?
Los últimos tres años he pasado largas temporadas en Madrid. Y en ese hotel han sucedido muchas cosas. Desde algunas habitaciones se ve la confluencia de Gran Vía con Callao. Me quedaba hasta las siete de la mañana mirando por la ventana. Ahí me imaginé canciones como Más tequila. Soy un enamorado de esa parte de la ciudad. Seguramente la tengo mitificada.

En el disco también mencionas València o Barcelona, siguiendo un modelo de letra con referencias geográficas que ya habías utilizado anteriormente. ¿Es un sello distintivo de tu manera de escribir canciones?
Otros artistas también lo hacen. Las ciudades tienen su propia idiosincrasia. En Black Jack digo que València se ha convertido en el parque temático de un arquitecto, algo que me jode particularmente. Y en Sin Barcelona no es un recurso. Los discos son capítulos de un mismo libro, así entiendo mi trabajo de todos estos años, y en este caso he oído hablar mucho de si es necesaria una consulta o no. Mi posición es plantearme lo triste que me sentiría si no siguiésemos compartiendo todo con ellos.
No es el único conflicto que abordas en el disco. En Más tequila, que tiene aires de Willy de Ville o Alfredo Jiménez, haces una referencia irónica al Festival de Benicàssim.
Creía que todos los locutores de radio se enfadarían cuando saqué Odio, porque decía «Odio a los disc jockeys asesinos, porque siempre me joden la canción», y nadie me dijo nada. Esta vez es una referencia a la gente que lleva toda la vida haciendo una cosa, dejandose la piel en aprender cada vez más, intentar hacerlo mejor, y de repente llega alguien sin preparación, llámese blogger o influencer, y se lleva dos millones al año. Es una broma, aunque es algo que me preocupa. En este disco he usado más la ironía, algo que solo había hecho muy esporádicamente.

A finales de 2011 pusiste en marcha Comité, un proyecto donde recuperabas el repertorio de Comité Cisne que tuvo un recorrido más corto de lo esperado. ¿Por qué?
Comité Cisne tuvo un poder de convocatoria pequeño, al igual que su repercusión posterior. A pesar de que se le dio un buen giro a las canciones, al público potencial de Revólver no le interesó. Yo solo, tocando en acústico, lleno dos días seguidos la sala Galileo en Madrid. Con Comité metimos cien personas. Llevaba muy buenos músicos y técnicos, y todo eso no es gratis. Pero en algún momento volveré a recuperar ese repertorio en directo y sacaré un disco, aunque sea de tirada limitada. Porque sí. Porque creo que merece la pena hacerlo y fue el paso que me permitió atreverme después a grabar Enjoy a trío.

El 8 de abril se celebra un concierto donde se recuperará nuevamente ese repertorio y el de Glamour, en el que participan excompañeros tuyos como José L. Macías y Rafa Picó.
Ese repertorio es de quien quiera tocarlo y cantarlo. Como si yo hago lo mismo con el de los Beatles. Quizá ya va siendo hora de que salga gente que empiece a hacer revisión de cosas más cercanas, como La Habitación Roja, por poner un ejemplo. Hay grupos que se están ganando un puesto en la historia de la música de esta ciudad y que, en honor a la verdad, están llegando más lejos que Glamour y Comité Cisne.

Son más de treinta años de carrera. Más allá de su condición de modo de vida profesional, ¿qué es lo que empuja para seguir adelante después de tanto tiempo? ¿Cómo se renueva la motivación?
El otro día me decían que he abierto una puerta hacia cierto concepto de sonido americano en la España de los noventa que luego otros han aprovechado. Puede que sea cierto, porque la gente suele insistir una y otra vez en lo mismo cuando encuentra un camino. En mi caso, en un disco me he ido a Marruecos (Argán), he hecho otros más cerca del hard rock (Mestizo), otros de tono intimista… Yo canto como canto y tengo mi propio sello, algo que la mayoría no consigue nunca, pero aunque haya gente a la que le parezca que Revólver siempre suena igual, soy muy curioso y siempre me estoy planteando nuevos retos.


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