Luis Prado: «Este es mi álbum más intimista y oscuro»

· 1 de julio, 2016

Fotografía: Luis Prado


Texto: Eduardo Guillot

Poseedor de una amplia trayectoria con grupos como The Flauters o Señor Mostaza, Luis Prado debuta en solitario con «Mis terrores favoritos», un álbum de aire cinematográfico donde colaboran Coque Malla, Miguel Ríos y Guille Milkyway.

Cuando se cumplen dos décadas de la aparición del primer disco de The Flauters, su primera aventura musical, Luis Prado publica Mis terrores favoritos, su debut en solitario. Un disco en el que su inconfundible piano marca nuevamente la pauta, aunque a diferencia de los trabajos que ha grabado en los últimos años bajo el nombre de Señor Mostaza, esta vez no ha contado con sus acompañantes habituales y él mismo se ha encargado de todos los instrumentos, excepto las cuerdas. Se trata, sin duda, del álbum más personal del músico valenciano, acostumbrado a compartir escenario con M Clan, Quique González, Miguel Ríos, Ariel Rot o Fito & Fitipaldis.

Es la primera vez que grabas a tu nombre, y no como Señor Mostaza. ¿Era el momento adecuado para dar el paso?

Grabar con Señor Mostaza es complicado, porque todos los componentes estamos involucrados en giras con otros artistas y es difícil cuadrar agendas. Esta vez, el tipo de canciones que tenía también me sugería grabar solo al piano, dándoles un tratamiento reposado, más íntimo, incluso oscuro. No requería reunir a la banda en el local de ensayo, y decidí que el proceso de acabado tuviera lugar en el estudio. Además, los arreglos de cuerda suponen mucho trabajo, y la escasa disponibilidad de fechas iba a dificultarlo, así que me pareció el momento de sacar un disco a mi nombre.

Aunque no es un disco de ruptura, sí que hay matices que lo diferencian de anteriores grabaciones. ¿Estás de acuerdo?

Supongo que hay gente que lo va a escuchar y le va a parecer lo mismo, porque sigo siendo yo cantando y tocando el piano, pero según mi punto de vista es una colección de canciones un poco diferente, quizá demasiado onanista, porque no hay trabajo previo con el grupo ni están pensadas para ser llevadas al escenario. De hecho, esa fue la premisa que me marqué: Imaginar que no hubiera presentaciones en directo. Al principio, manejé la opción de que fuera un disco únicamente a base de piano y voz.

¿Cuándo decides descartar esa idea y añadir los otros elementos que aparecen en las canciones?

Le mostré el repertorio al productor, José Nortes, y acordamos tratar cada canción como exigiera: Si pedía unas cuerdas o una batería y un bajo, lo probábamos, y si funcionaba, se mantenía. Pero no supone un cambio radical. Mirándolo retrospectivamente, quizá debía haber hecho un disco más loco. Puede que el próximo sea más extraño.

¿Que hayas grabado a tu nombre quiere decir que el Señor Mostaza pasa a mejor vida?

No, qué va. Me lo he tomado como unas vacaciones. Una pausa discográfica. Ni siquiera hemos pensado dejar de tocar en directo. Simplemente, le voy a dar un poco de recorrido a este disco.

¿Cómo tienes previsto hacerlo? ¿Qué se va a encontrar la gente que vaya a verte en directo?

En las presentaciones voy a ir solo. Puede que Paco Tamarit me acompañe en alguna actuación, todavía por determinar, pero en principio tengo previsto funcionar como piano man. Me planteé montar banda y la verdad es que me dio mucha pereza. Voy a recuperar ese carácter claustrofóbico que tenían las canciones en su origen.

El disco cuenta «las idas y venidas de dos cuarentones que se entrecruzan en medio de su desorientación vital». ¿Alter egos tuyos?

Por un lado, es bueno que la gente establezca esa identificación, porque significa que las canciones logran su objetivo, pero siempre aclaro que no tengo por qué ser yo. Este disco tiene una especial tendencia a fijarse en neurosis que yo llamo terrores del primer mundo, pesadillas sociales. Supongo que crear esos personajes es la mejor vía de expresión que he encontrado, porque buscar maneras originales para contar algo es cada vez más difícil. Es como el sello musical, no he intentado que haya una impronta personal, pero noto que ocurre y la gente me lo dice, y eso es bueno. No me gusta repetirme, pero parece que tengo tendencia a la creación de un personaje, aunque sea de manera involuntaria.

Otra característica del disco es su conexión con la cultura audiovisual. Desde el título, que remite al programa televisivo de Chicho Ibáñez Serrador, o canciones como Eva al desnudo, hasta el diseño, que recuerda los carteles de Saul Bass.

Quería que fuera muy cinematográfico y ese diseño le iba muy bien, porque también marcaba un cambio con respecto a los de Señor Mostaza. Y acentuaba el tono pesadillesco del contenido. Estuve viendo todos sus carteles para no plagiar ninguno, es solo una fuente de inspiración. Eva al desnudo fue el primer tema que escribí para el disco. Había trabajado en la banda sonora de El efecto K (Valentí Figueres, 2012) y empecé a componer posibles piezas para cine, que acabaron tomando forma de canciones.

Es también la primera vez que aparecen invitados en uno de tus discos. ¿Cómo surgió la idea?

Mucha gente nos decía que teníamos que haberlo hecho en los discos de Señor Mostaza, pero yo siempre he sido reacio a los duetos. El único invitado iba a ser Guille Milkyway. Siempre ha sido muy fan nuestro, y en Estoy gordo había un giro melódico que me hacía acordarme de él, así que tuve claro pedirle que participara.

Además, Miguel Ríos canta en Ya no así y Coque Malla en Da igual. Como amigos tuyos que son, ¿fue fácil convencerles?

Con Miguel Ríos he tocado en directo, así que hay un vínculo claro. Ambos han grabado con José Nortes y han sido mis ídolos de infancia y adolescencia. De pequeño andaba siempre con el Rock&Ríos entre manos, y ya en el instituto, cuando empezamos con The Flauters, Los Ronaldos eran una referencia muy clara. Me entró el punto romántico y ellos se ofrecieron. Me gustaba la idea de que a los protagonistas de la historia se les aparecieran ídolos en sueños. He pasado de no tener invitados a tener tres. Pero creo que el resultado es bueno, en todas las canciones pasa algo interesante cuando aparecen ellos. Es un contraste en un disco tan onanista.

Son artistas muy conocidos. ¿Su presencia en el disco no abrió la puerta a contactar con alguna compañía importante?

No he invertido varios meses en pasear la grabación por los despachos, que quizá es lo que hay que hacer. Desde los últimos discos de Señor Mostaza me da mucha pereza, porque tampoco garantiza resultados. Tanteé un par de sellos grandes, pero no pasó nada. Y preferí no ponerme pesado, aunque a veces es la manera de obtener respuesta. Esa posibilidad ya se dio con los dos primeros trabajos de Señor Mostaza, y me pareció un proceso agotador, porque puedes pasarte medio año esperando y que luego te digan que no les convence. Me falta paciencia para eso.

Y estás muy cómodo en Hall of Fame, el sello valenciano regentado por Luis González, ¿no?

Hemos tocado juntos con Malcolm Scarpa y sigo grabando en los discos que publica como Caballero Reynaldo. Es una relación de muchos años. A veces, Luis incluso ha intentado ayudarnos a encontrar un sello con mayor proyección.

Si apareciera esa oferta, ¿estarías dispuesto a asumir las consecuencias de dar el salto?

Todo lo que signifique otorgar mayor visibilidad a lo que haces, es bueno. Habría que ver a cambio de qué. Las canciones tendrían más recorrido, pero la industria musical atraviesa un momento muy raro.


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