Loquillo: «Puedo hablar el idioma musical que me dé la gana»

· 15 de abril, 2016

Texto: EDUARDO GUILLOT

El rockero catalán publica Viento del Este, un disco en el que aborda diferentes estilos musicales y donde ha incluido su particular versión de Me olvidé de vivir, el tema popularizado en España por Julio Iglesias.

Tiene nuevo álbum en la calle, Viento del Este, pero ya anda preparando el siguiente, donde musicará poemas de Julio Martínez Mesanza. En breve se embarca en una gira de conciertos de año y medio, que tendrá parada especial el 24 de septiembre, día en que grabará un nuevo directo en Las Ventas. Y en Navidad llegará su tercera novela. Loquillo es un adicto al trabajo, pero también disfruta como el que más de la conversación y la buena comida. Después de dar buena cuenta de un sabroso arroz a banda en el Mesón La Pepa, en pleno corazón de Patraix, el rockero se prestó a una cordial charla de sobremesa, cuyo objetivo era desmenuzar el contenido de su última grabación, pero que, como suele ser habitual en su caso, dio para mucho más.
El título del disco es una frase de Dick Van Dyke en la película Mary Poppins. Una referencia muy poco rockera.

En realidad, la saqué del último capítulo de la tercera temporada de Sherlock Holmes, donde se cita la de Mary Poppins. Me quedé con la frase, que es una metáfora del cambio, y le pedí a Igor Paskual, uno de los guitarristas de mi banda, que hiciera una canción con ella.

¿Hay cambios en este disco?

Código rocker, el anterior, fue un laboratorio. Después de la grabación de La nave de los locos, que fue terrorífica por el enfrentamiento entre Sabino Méndez y Jaime Stinus, me dije que no quería volver a pasar por algo así nunca más. Cuando se hace un disco hay mucho dinero en juego, no se pueden tener discusiones de patio de colegio en el estudio. El sello y la agencia de management tuvieron que mediar. Y cuando llegó el momento, tomé una decisión.

Que fue prescindir de Jaime Stinus, productor y compositor desde el año 2000 y guitarrista de tu banda desde el 2006.

Su ciclo había terminado. Yo no aguantaba más. Tenía un grupo con una proyección increíble y había que dar salida a todo ese talento. Necesitaba que entrara gente con ganas y recuperar así el concepto de banda.

¿Se puede decir que has sustituido a Stinus por Mario Cobo y Josu García, productores del disco?

No es un cambio de piezas. Mi ADN es ponerme ante un micro y berrear, no que mi voz pase por trescientos filtros para llegar a no sé dónde. Estuvo bien en su momento, pero ya no tocaba eso. Quería algo orgánico, tocar dentro de un estudio con una banda. Cuanto más talento se sumaba, más se cerraba Jaime, y llegó un momento en que la banda me dijo que no podía más. Podía haber tomado la decisión después de La nave de los locos, pero no era el momento. Código rocker alcanzó el número uno y me di cuenta de que iba por el buen camino, así que me senté con Mario y le ofrecí entrar en la banda.

¿Y reunir tanto talento junto en una misma banda no entraña el riesgo de provocar una pelea de gallos?

Por supuesto, pero ahí es donde entro yo para gestionar el talento. Es como el baloncesto, un deporte individual que se juega en equipo. Si a cada jugador le exiges en el momento adecuado que salga a la cancha a darlo todo, lo hará. En la banda existe un gran respeto entre todos, cada uno es diferente, y eso es perfecto para mí, porque puedo hablar el idioma musical que me dé la gana.

¿Por eso este disco es tan variado? Has pasado de una reivindicación rockabilly a grabar un tema northern soul y otro con coros surf.

Rusty es un poema de Carlos Zanón sobre el pesonaje de Rusty James [de la película La ley de la calle]. Le dije a Mario que lo musicara y le diera aire northern soul. Tiene mucha música dentro que no había podido sacar. Y lo ha bordado. Todas las canciones se han trabajado así. Mucha gente dice que, en el fondo, soy un mocker. Me gusta el soul, el rockabilly… Y eso tiene que salir por algún lado.

Además, se incluye una versión de Viaje al Norte (Los Negativos) donde toca Roberto Grima, uno de los miembros del grupo.

Fui de los primeros en escuchar sus maquetas. Roberto fue el conductor de mi furgoneta, después mi road manager, y ahora es el gran promotor del país. La vida da muchas vueltas. Los Negativos habían hecho una versión de Cadillac solitario, y fueron nuestros teloneros durante bastante tiempo. Pensé que tenía que tocar en el disco, le llamé y se trajo su guitarra Rickenbaker. Cantar este tema era una cuenta pendiente.

La otra versión del disco es más sorprendente: Me olvidé de vivir, popularizada por Julio Iglesias. ¿Cuál es la historia tras ella?

La conocí por Johnny Hallyday. También la cantó Macaco. ¿Y qué? No tengo complejos. La letra habla de la soledad del corredor de fondo, y solo se puede cantar si llevas muchos años de carretera. Iba a ser un bonus track, pero al escuchar los arreglos de Josu y Mario decidí incluirla. No hay que olvidar que Julio Iglesias es el artista español que más discos ha vendido en toda la historia. Si fuera inglés, francés o americano, lo veríamos de otra manera. Aquí nos cuesta darnos cuenta de que lo que hacemos es música popular.

¿Te está convenciendo Albert Rivera?

Nunca fue mi apuesta. Quien estuvo vinculado con Ciudadanos fue Sabino Méndez, no yo. Pero siempre he defendido la opción de Rivera y de Podemos, la nueva política. Cuanta más gente pueda expresarse, mejor.

Pero son nuevas políticas muy diferentes.

Era necesario que esos dos partidos rompieran la hegemonía. Me da igual que sea Ciudadanos, Podemos, quien sea. He visto que muchos amigos de la izquierda se quedaban a mitad de camino porque había un techo que no les dejaba crecer. Y en el caso de Ciudadanos, era importante un partido que recogiera la dinámica del PSOE, que había dejado huérfano a un sector de la población.

¿Crees que Ciudadanos recoge más votos del PSOE que del PP?

No sé lo que recoge ahora, lo que tengo claro es que tanto Ciudadanos como Podemos son necesarios para la renovación política del país. Hasta ahí. Punto. Mi última colaboración con un partido político fue con Los Verdes de Mendiluce.

Hay mucha gente desengañada de la política. ¿Tú sigues votando?

Creo en el sistema democrático y en la clase política. Mi padre pasó años en la cárcel por defender eso. Cuando se pone a parir la Transición, nos olvidamos de que hubo muchos españoles que dieron su vida por conseguir que votemos. No votar significa darle la opción a los que querían negárnoslo. Me da igual lo que la gente vote, pero hay que votar.

No votar también es un derecho legítimo.

Es una opción, pero hemos vuelto a la casilla de salida. De eso habla la canción El mundo que conocimos. La sensación no es de desencanto, sino de mala leche. Y si algo ha salido mal, hay que volver a empezar. No podemos dejar que se enquiste y se pudra. España es un país muy joven democráticamente, no como Gran Bretaña, pero tenemos que seguir creyendo, aprender de los errores y mantener lo que hemos ganado gracias a la lucha de nuestros padres.


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