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Ana Lozano: “Me encanta destrozar a Penélope y hacerla sexi y real”

· 10 de septiembre, 2018

Fotografía: Jose Luis Abad


Viti le abrió las puertas del mundo del cine, con Pe se wasapea y a Antoñito lo quiere mucho. Ese es el mundo de Ana Lozano. Así llama cariñosamente la maquilladora de Alginet a Victoria Abril, Penélope Cruz y Antonio Banderas. Y sí, ella vivió «intensamente» el romance de Penélope y Bardem durante Vicky, Cristina, Barcelona, que es donde «surgió la chispa», y ha visto las exclusivas fotos de la boda de la pareja en las Bahamas. Defiende que «vale más por lo que calla que por lo que cuenta». Ha compartido «muchas horas» con directores como Almodóvar, Aranda, Julio Medem o Woody Allen, y actores como Sigourney Weaver, Sofía Loren, Nicole Kidman, Scarlett Johansson, Johnny Depp, Adrian Brody o Robert de
Niro. Sueña con «abrazar» a Goya y, desde el domingo, ya tiene un Emmy

¿A la maquilladora de las actrices famosas quién la maquilla?
Yo misma. Penélope [Cruz] me ha maquillado algunas veces porque se le da muy bien, pero esta vez me maquillaré yo. Me pintaré poco, no me gustan las caras muy cargadas.

Penélope pide trabajar con usted en todas las películas en las que trabaja, ¿cómo surgió la relación?
Trabajé durante muchos años con Victoria Abril y conocía a Penélope de fiestas y eventos. Coincidimos trabajando en Sin noticias de Dios y poco a poco la relación se fue consolidando. Es un encanto de mujer y nada diva. Hemos convivido muchas horas en los rodajes de Nine, Piratas del Caribe o Elegy, por ejemplo, y compartido muchas cosas.

Compartir camerino y vestir albornoz invita a confesar más de un secreto. ¿Se desahoga con usted o es reservada?
Las maquilladoras somos un poco psicólogas. La clave es ser tú misma, supersincera, y tratar a los actores con normalidad. No le puedes decir a alguien que está guapa cuando no lo está, como tampoco le puedes decir que se ha levantado hinchada. Hay que ser normal. Lo que sí trato es de estar siempre alegre, porque todo el mundo tiene problemas.

El reto, ante una mujer tan bella como Penélope, ¿es deslucirla?
En Ma ma interpreta a una enferma de cáncer. Es tan guapa que una ojera bien puesta y el rímel corrido es suficiente. Me encanta destrozarla un poquito porque me parece mucho más humana, sexi y real. Imitar la realidad no es fácil. Los síntomas del cáncer los conocemos todos y la película no va solo de eso, sino de la lucha de esta mujer por sobrevivir. He estado con muchas mujeres que llevaban tratamientos de quimioterapia, y hay algunas que no tienen pelo y están mal, pero hay otras con una luz en la cara y un brillo en la mirada especial, y eso era lo que queríamos transmitir. Se te puede estar cayendo el pelo y estar enferma, pero también se puede estar guapa, y si tú te lo crees, la belleza y las ganas de vivir se trasmiten en la cara.

También ha trabajado con Javier Bardem. ¿A quién conoció antes?
Los conocía a los dos, pero trabajé antes con Javier. Como actor me parece lo más grande. No lo considero excesivamente guapo, pero es extremadamente atractivo. Los chicos guapos con las caras perfectas ya me aburren un poco.

¿Se ha aburrido trabajando con Antonio Banderas en Los 33, la película basada en la historia real de los mineros que quedaron atrapados durante setenta días en la mina San José en Chile?
Es un sol, lo quiero mucho. El rodaje fue muy complicado. Tuve que calentarme la cabeza y utilizar prótesis para resaltar huesos y adelgazar pómulos y cuello, lo cual es bastante raro, ya que habitualmente se utilizan para aumentar volumen. Trabajamos además con aerógrafos y maquillajes resistentes al sudor, ya que en la película se tenía que proyectar que los mineros estaban a más de 40 grados centígrados. Antoñito todas las mañanas me decía: ‘después de desmaquillarme to, dejo la almohada negra’.

Y Johnny Depp, cuando se encontraba con él por las mañanas, ¿qué le decía?
Lo adoro, era mi ídolo y tenía muchas ganas de trabajar con él. Para mí, Eduardo Manostijeras era lo más grande. La primera vez que lo maquillé fue en Antes de que anochezcay estaba muy nerviosa. Tuve que caracterizarlo de travesti de los años 40-50. Fue muy complicado, pero él quedó encantado.

En Manolete tuvo que transformar a Adrian Brody en el gran torero de la década de los cuarenta.
Es un actor especial, un poquito raro y no muy sociable, pero yo me llevé bien con él. En los rodajes somos como una gran familia en la que, menos dormir, lo compartes todo.

¿Hay actrices que cuando se sientan ante usted le piden que parezca que van con la cara lavada?
Muchas. Por ejemplo, Sigourney Weaver. Hace poco hice unas fotos con ella y es muy humana. También Robert de Niro me pidió poco maquillaje. Y, aunque no lo parezca, conseguir eso es difícil. El director Vicente Aranda no es que no le dé importancia, pero cuando me llamó me dijo: ‘Me gustas porque parece que no hay maquillaje’.

Es la maquilladora favorita de Almodóvar y también ha trabajado a las órdenes de Woody Allen. ¿Son dos genios?
Son directores especiales. Es un lujo trabajar con Pedro, porque le da mucha importancia al vestuario y a la peluquería. Antes de una película estamos dos y tres meses de pruebas para dar con lo que quiere. En La mala educación estuvimos casi dos años de pruebas. Tiene ideas muy locas pero muy claras y pide plasmarlas. Es un director que te da mucha información gráfica a través de recortes, fotos e imágenes, y luego te las cuenta. Sus indicaciones son geniales. Un día, recuerdo, me pidió que hiciera ‘ojos a lo  bonzo’. Eso no quita que si tú le das otro enfoque y a él le gusta, lo escoja. Las indicaciones de Woody Allen son… En la primera reunión para Vicky, Cristina, Barcelona me dijo: ‘La boca roja de las chicas no me gusta. Además, con los labios que tienen parecen putas’. Pero lo mejor, hablando del personaje de Penélope —interpretaba a una mujer desequilibrada—, al explicármelo me dijo: ‘Piensa en esas personas que pueden comer en la cama, que se dejan la pasta de dientes abierta’… Eso es para él estar desequilibrado. Eso me encantó.

Su currículum es amplio, ¿pero de qué trabajo se siente más orgullosa?
Quizás de Antes de que anochezca, de Julian Schnabel, y por la que a Javier Bardem lo nominaron a los Oscar, y de Ma ma, de Julio Medem, porque creo que en ambos casos hicimos un trabajo redondo.

¿Le ha llegado en algún momento a pesar la responsabilidad porque siempre se espera de usted lo mejor?
Trabajo para tratar de hacerlo siempre perfecto. Lo complicado es hacerlo sin dinero y en malas condiciones.

¿Qué película le abrió las puertas para convertirse en una de las mejores maquilladoras del cine español?
Tacones Lejanos. Hasta entonces había trabajado en películas de bajopresupuesto y series de televisión. En el rodaje no acertaban con el maquillador y me llamaron. Le puse, pelo a pelo, unas patillas a Miguel Bosé y me quedé. Trabajar con Almodóvar era mi sueño y allí empecé como ayudante del ya fallecido Gregorio Ros, que era quien maquillaba a Victoria [Abril]. Cosas de la vida. Hice Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y Victoria me llamó para que fuera ya de jefa. A partir de esa película empecé a trabajar con Viti. Me fui a Francia sin saber ni papa de francés. En el coche iba escuchando ¡écoute, répète! Como el valenciano escrito se parece al francés, los guiones los entendía más o menos. Me hice como seis o siete películas francesas, otra en Colombia, en México… Con Penélope coincidí en Sin noticias de Dios y… hasta ahora.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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