Monika Kowalska: «El cine es una carrera de fondo, hay que aguantar»

· 21 de febrero, 2018

Monika Kowalska interpreta en La Rusa a una mujer atrapada en una vida sin sentido, maltratada y sometida a la tiranía de su marido. Pero, con la llegada al pueblo de un forastero, la mujer irá abriendo los ojos y asumiendo que, por qué no, dar un giro a su destino.

A Monika Kowalska la interpretación la tiene «enganchada». Es, bromea, su particular droga. «Me engancha la plenitud y la entrega que se genera en los rodajes, la química que se crea con el equipo, los retos, las aventuras, las risas, las lágrimas y la magia de cada personaje», enumera la actriz polaca protagonista de La Rusa, la película de Aritz Ortiz que se estrena hoy

¿Qué es lo que más le atrae de un personaje para decidir interpretarlo?
Lo primero es que, en España, algunos no estamos como para elegir personajes y cada trabajo que viene es como un regalo. No hay tanto como puede parecer. Obviamente, tampoco es cuestión de coger cualquier cosa y si veo que la calidad es mala lo descarto, pero he tenido muchísima suerte y cada uno de los personajes que he hecho ha sido diferente al anterior. Todos los papeles que he hecho han sido de mujeres con una vida muy difícil por lo que han sido interpretaciones complejas y profundas. Lo que más me atrae, a la hora de dar el sí, es el trabajo que tengo que hacer para acercarme al personaje. Creo que se puede hacer de todo si el guion es bueno, está justificado y es necesario para contar esa historia.

Habla de que no hay tanto trabajo pero, el que hay, ¿siempre recae en los mismos?
Bueno… no lo sé. Es que, al final, somos los mismos. Influye la suerte y la necesidad. Yo llevo trabajando desde hace diez años y, más o menos, lo hago de forma continua. Esto es como una carrera de fondo, en la que lo importante es estar ahí, aguantar y no desanimarse.

Es actriz y directora. ¿En qué faceta se siente más completa?
Me siento mejor delante de la cámara. Me encanta dirigir a los actores y creo que se me da bien porque soy muy exigente y los machaco pero, en la parte técnica, siento que me falta algo porque no la he estudiado bien y lo de la edición…


¿Esa doble faceta le ayuda a entender más al que, en cada caso, está al otro lado?
Sí, seguro. He tenido la suerte de estudiar con muy buenos maestros como Fernando Piernas que me ha ayudado mucho en la línea de pensamiento y en las acciones. Al final, a base de trabajo y de que te corrigen a tí, aprendes y te es más fácil conectar con otros actores.

En La Rusa, la película que se estrena hoy, interpreta a una mujer sometida.
Es un personaje muy complejo. Es una mujer que está casada con el matón del pueblo que es, además, un maltratador. Una mujer que ya se ha rendido y que está como muerta en vida porque ha aceptado el destino de ser una mujer sin libertad y sentido. Sin embargo, con la llegada al pueblo de un chico, ve que hay algo más y trata de cambiar su destino. Es como que descubre que hay otro mundo. Pero La Rusa, no es solo una historia de amor.

¿Se puede defender a un personaje así?
Es complicado porque no es agradable pero hay que pensar que no eres tú y por ahí va el trabajo actoral. Se trata de vivir y entender lo que tú no vives, hacerlo y disfrutarlo. Porque, aunque suene extraño, yo disfruto mucho metiéndome en la piel de los personajes.

¿Cómo fue el rodaje?
Muy accidentado. Fue tremendo. Parecía que nos había mirado un gafe. Todos los días nos pasaba algo, o se caía gente, o se nos rompían cosas o desaparecían. Terminar la peli fue un milagro. Un día teníamos una secuencia en una gasolinera y estaba todo super atado; Pues, cuando llegamos, la gasolinera no existía porque la habían desmontado. Otro día, íbamos a rodar unas escenas en un campo de fútbol y cuando llegamos allí habían montado un mercadillo. Otro, nos instalamos en un pueblo para rodar escenas de noche y va y ese día se va la luz en todo el pueblo. Caótico. Muchas veces nos preguntábamos que quién era el gafe. Curiosamente Aritz Ortiz, el director, era muy paciente y sin alterarse lo iba resolviendo todo.

 ¿Siente que, por su apariencia, se le encasilla en papeles en los que interpreta a rusas, polacas, alemanas…?
Me lo tomo como que me he especializado en ello. Claro que me encantaría hacer de abogada o de la vecina de al lado pero es cierto que ya me llaman para eso. Siento que es un hándicap. Cuando necesitan una eslava, y por mi apariencia física, pues accedo al casting. Me lo tomo como un regalo.

Otros de sus proyectos son La Corbata, película que ha dirigido, y la serie Servir y Proteger de La 1
Que no falte el trabajo.

La Corbata, ¿cuándo verá la luz?
No hay fecha porque hemos tenido problemas en la postproducción y todo se ha ralentizado.

 ¿Definitivamente ya se ha instalado en España?
España ya es mi nido porque hace dieciséis años que estoy aquí. A los dieciocho años salí de Polonia para ir a estudiar inglés a Nueva York y allí conocí a mi marido que es español. Él fue quien me convenció para que me viniera a vivir a aquí.

 

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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