Leonardo Sbaraglia: «En cada trabajo uno debe volver a empezar»

· 22 de noviembre, 2017

Fotografía: Efe


Leonardo Sbaraglia se mueve por retos y participar en la ópera prima del director valenciano Nacho Ruipérez lo era. El actor argentino está en València donde, durante un mes, va a convivir con Pau, su personaje en la ficción. «Con cada personaje hago un viaje e inicio una relación», apunta.

  • Inhala el humo del cigarro, lo contiene y libera lentamente. Bebe mate y controla la bombilla. Mira fijamente a los ojos y durante la conversación regala muchas y generosas sonrisas. El aire revuelve su pelo entrecano mientras por el frio se encoge dentro de su desgastada cazadora de cuero. Como a todo buen argentino, a Leonardo Sbaraglia (30 de junio de 1970), le gusta hablar mucho y no le van las prisas. Es extremadamente educado. Está en València y aquí permanecerá hasta finales de mes. Rueda, a las órdenes de Nacho Ruipérez, El desentierro.

¿Qué hace un hombre como usted sentado en un banco ante la Malva-rosa, fumando un pitillo y tomando mate?
Esperar a que empiece el rodaje de las escenas en las que participo en la película El desentierro.

¿Cómo es su personaje?
Mi personaje está en el pasado de la historia, en los flashback. Es un hombre que ha pasado por la movida de la Ruta del Bakalao, pero que al mismo tiempo es un poco rocker. Interpreto a un personaje que decidió cambiar su vida y darle un vuelco; un tipo muy carismático y enérgico que tiene espíritu libre. Es un personaje que se va descubriendo a lo largo de la historia. Prácticamente desapareció de la vida de su familia pero su hijo lo tuvo como referente. Veinte años después, el hijo vuelve a València que es el lugar en el que se vieron por última vez y, a partir de diferentes relatos, va reconstruyendo la imagen del padre para transformar para bien su sensación infantil de abandono. Va poco a poco encontrándose con su padre sin tenerlo enfrente.

Un drama sobre la memoria histórica.
Es un relato que en realidad es muy simple porque son personajes que van reencontrándose con su propia historia. Esa es la idea de El desentierro. Se trata de ir recuperando la memoria y la propia identidad. Michel Noher, que es un actor argentino, es quien hace de mi hijo y entre nosotros se da un juego de espejos muy bello. Él no quiere saber nada de mí y no quiere parecerse a mí cuando somos como dos gotas de agua. Hablamos parecido, gesticulamos, fumamos y no sé qué… tenemos la misma impronta y la misma fuerza algo salvaje. La película también va de los tejes y manejes de la corrupción política. Al mismo tiempo, mi personaje se enamora de una chica que está metida en una red de trata de blancas y ahí la película habla de la mafia que hay alrededor de ese tema y el nivel de desigualdad y casi esclavitud a la que someten a muchas de estas personas a las que traen engañadas a España sufriendo muchísimo.


¿Conocía al director valenciano Nacho Ruipérez?
Lo conocí hace un año y pico cuando vine a València a presentar Al final del túnel en Cinema jove. Hablamos y me ofreció participar en la película. Me cayó muy bien y me pareció un tipo estupendo. Derrocha pasión por su trabajo.

 ¿Le sedujo en una primera conversación?
La verdad es que sí. Me gustó. No tenía muy claro si iba a poder trabajar pero al final cuadré cosas y aquí estoy. Estoy haciendo esta película con mucho gusto y me están tratando muy bien. Creo [señala con el índice de la mano derecha] que va a ser una película importante.

A la hora de decidirse por un papel, ¿se deja asesorar o se guía por su instinto?
Las dos cosas. Me interesa conocer diferentes puntos de vista, pero a estas alturas y como gracias a Dios puedo elegir… En este caso se han dado todas las condiciones para hacerlo. Para mí es un placer trabajar en España y, curiosamente, este año lo he pasado prácticamente todo aquí. He estado rodando la serie Félix de Cesc Gay para Movistar+ que se estrenará el próximo año. Éste ha sido para mí un reto importantísimo porque era una oportunidad de personaje impresionante. ¿Sabes? Viví ocho años en España y hace unos diez que regresé a Argentina pero nunca he perdido el contacto y he seguido trabajando a caballo entre los dos países. Y para mí esto es maravilloso. Me siento parte de aquí.

Un actor que tiene tanto donde escoger, ¿qué le tiene que ofrecer un director para que diga ‘adelante’?
Me muevo por retos. En este caso mi participación es acotada y mi personaje no es protagonista ya que este rol recae en Michel Noher, que va a ser una gran revelación para la gente que no lo conoce, y Jan Cornet. Esta es una historia muy coral pero mi participación es más de reparto aunque es muy importante para la trama porque todo el mundo lo busca y nadie sabe qué ha pasado con él. [Silencio, bebe mate] Es cierto que las decisiones que tomo tienen que ver con los retos. Este personaje me gustó porque el director me ofreció participar en la peli cuando aún no había hecho el casting y no sabía qué personaje debía de hacer. Me dijo que le interesaba mucho que participara en la película. Cuando leí el guion me pareció que éste era el personaje que me tocaba hacer. No sé si fue por una intuición…

Y cuando acepta a un personaje así, ¿en qué se inspira para construirlo?
Uno trata de inspirarse en la vida y en personajes reales de aquí y de allá. He visto muchos documentales de la Ruta del Bakalao. ¡Uf! Me ha parecido todo un poco duro y muy borde. ¡No entendía el fenómeno!, ¡guau!, ¡todo muy bestia, ¿no?! He escuchado a Chimo Bayo pero mi personaje, que es un poco bizarro, es fan de Bruno Lomas. Empaparme de este mundo, de ese clima y de este nivel de euforia ha sido… increíble. Eso de llevarse la vida por delante casi por inconsciencia… Mi personaje es un espíritu libre pero con una gran ingenuidad [silencio, da una calada]. Por eso, desgraciadamente, corre el destino que corre.

Imagino que la experiencia le permite saltar de personaje a personaje, pero ¿qué hace para ser usted y vivir su vida?
No te creas. No es nada fácil. Todos los actores nos valemos de nuestra experiencia. Ya tengo una madurez y unos añitos, 47 años, pero antes de empezar un rodaje siempre tengo una cierta incertidumbre por saber cómo me voy a entender con el director, cómo va a ser el equipo. No es inseguridad pero sí, el no saber cómo va a salir porque nada te garantiza nada. En cada trabajo uno debe volver a empezar, volver a crear una lógica y una verdad. Los métodos de trabajo no se pueden repetir porque cada trabajo tiene su propia vida y el tema está en encontrar esa vida junto al resto del equipo, el director y los actores.

¿Todos los personajes que interpreta le dejan huella o logra aislarse de ellos?
Es interesante porque depende de cómo uno se lo tome. Uno tiene que armar su propia vida y luchar por construirse, buscarse y encontrarse a sí mismo mientras va formándose como ser humano. Pero por otro lado, cuando trabajas como actor y te encuentras con personajes tan diferentes, es como hacer diferentes viajes. Así me lo planteo yo. Ahora mi personaje se llama Pau y es como que estoy un mes en València con él. Y de esa relación aprendes, aunque ese personaje no tenga nada que ver contigo, te caiga mejor o peor; tienes que convivir con él y te tienes que hacer amigo de él porque, te guste o no, tienes que iniciar un viaje con él. ¡Claro que de los personajes te quedan cosas! De todo te contagias, aprendes cosas, odias…. Con cada personaje inicio una relación y eso es bonito porque te descoloca.


 ¿Hay días que siente que ha vivido más en la ficción que en la realidad?
¡Guau! [renciende el pitillo y se quema la yema del dedo corazón] Uno siempre sabe que esto es un juego y una ficción. Es cierto que en mis 47 años y 30 y pico de profesión, he hecho más de cincuenta películas, un montón de obras de teatro, muchas cosas en la tele… He trabajado mucho. Por acotar, este año he hecho yo solito noventa jornadas de rodaje en Félix. [Se toca la frente, suspira y clava su mirada en el mar] Casi la mitad de año he estado rodando con Cesc Gay y luego hice 30 jornadas en una peli en Argentina y ahora tengo aquí un mes de trabajo. Este año está siendo… bárbaro.

O sea que no sabe lo que es desconectar y sentarse en un sillón para no hacer nada.
Cuando termine esta película me voy a pasar tres meses tranquilo con mi hija. La voy a llevar a Disney.

Cuando organiza su agenda, ¿no se planifica periodos de descanso?
Empiezo a pensar que tengo que priorizar al margen de lo profesional, del dinero y de todo lo que sea. Hace meses que pensé que, pasara lo que pasara, iba a descansar de diciembre a marzo. Y así lo haré. Eso no se toca. Mi hija lo necesita y yo lo necesito porque he trabajado más que en mi vida. Este año está siendo maravilloso pero extremo.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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