Olga Pericet: «Al escuchar los aplausos es cuando vuelvo a mi cuerpo»

· 31 de mayo, 2018

Texto: Amparo Barbeta

¿La espina que quiso ser flor o la flor que soñó con ser bailaora?
¡Oh, qué genial! Me gusta. Realmente eran las dos preguntas que nos hacíamos en la dramaturgia y los dos títulos que nos planteamos. Soy una persona que necesita tener siempre dos planos y a veces quiero ser la flor que soñó con ser bailaora y a veces la espina que quiso ser flor. No supe elegir y de ahí el hecho tan poético de poner las dos cosas, pero me gusta mucho la espina.

¿Es tu obra más íntima?
Es mi obra más madura y, de todas las que he hecho, donde mejor me lo estoy pasando y donde más me divierto.

De tí ha dicho The New Yorker que tienes «una presencia mercurial» y El País que tienes «aires de diosa cuando te subes al escenario». No está mal. ¿Qué sientes al escucharlo?
No está mal, no. Yo misma me sorprendo. Si quieres que te diga la verdad, al escucharlo solo puedo decir ¡guau! Yo sé que desprendo energía pero no sé hasta dónde llego porque estoy en otro plano. Los elogios son un reconocimiento a todo el compromiso que tengo y de todo lo que me gusta entregar. Lo que sí sé es que entrego todo lo que tengo. Solo puedo decir gracias.

Si así es como te ven los demás, ¿cómo te ves tú?
A veces no me gusto y tengo diferentes percepciones según el día. Soy una persona que, sobre todo, me gusta la libertad y ser valiente tanto en lo personal como en lo profesional. Son los dos adjetivos que mejor me definen.

Tienes, entre otros muchísimos premios, el MAX de Artes Escénicas a la Mejor Bailarina Principal por Pisadas (2015) y la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York, te dieron en 2016 el Premio Extraordinario de Teatro ACE Awards. ¿Qué valor tienen para tí los premios?
Mucho, porque no he tenido las cosas fáciles y disfruto de cada uno de los reconocimientos. Me ha costado mucho llegar hasta aquí y valoro los premios porque los considero un apoyo y un respaldo hacia lo que estoy haciendo. Ésta es una carrera de picos y curiosamente los premios siempre me han llegado cuando estaba más desanimada, por lo que han sido todo un refuerzo.

¿Qué sientes al escuchar flamenco?
¡Guau! es algo que me traspasa, me siento con mi energía, es como si estuviera en mi casa porque bailo.

¿Dicen que tu flamenco se salta los límites?
Según qué límites. No me gusta hacer solo un baile tradicional sino trasmitir un mensaje. El flamenco ya de por sí trasmite y tiene su poética, sus costumbres y un universo entero pero, aparte de eso, cuando bailo quiero hacer un conjunto y una creación para abarcar ese mensaje. Esa es mi pretensión. Si lo consigo o no, lo tiene que decir el público.

¿Cómo lo haces para rodearte siempre de los mejores?
¿Tú crees? me gusta apurar el arte al máximo. Me considero una persona inteligente e intento reunirme siempre con gente que me inspira mucho y que sobre todo me aporte. Lo que pasa es que decir qué es lo mejor en el arte es muy subjetivo.

¿Qué prefieres, el trabajo en equipo o en solitario?
Todo tiene su momento, pero me gusta mucho el trabajo en equipo. Yo creo, pero los espectáculos no se hacen solos y necesitas un equipo. De todas formas, siento que es importante haber trabajado solo para saber dirigir a ese equipo y que todo dé un resultado óptimo.

¿Qué es lo peor de tu trabajo ?
Que cada vez tengo menos tiempo para compartirlo con los que quiero. Este trabajo te da satisfacciones pero te obliga a muchos sacrificios.

¿Qué sientes cuando acaba el espectáculo, te plantas ante el público y éste te ovaciona?
Mucha satisfacción. Es como si hubiera desaparecido y con los aplausos volviera a mi cuerpo. A veces, cuando estoy muy satisfecha con lo que he hecho, me anulo bastante y me quedo muy tímida ante ellos. La sensación es como que despierto, como que suena el despertador.


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